In memoriam de las víctimas del atentado de Madrid del día 11 de marzo de 2004

Al cumplirse los ocho primeros años del execrable atentado de al Qaeda en Madrid, el 11 de marzo de 2004, cabe pregutarnos, si es posible la paz tranquila y la seguridad en estos días, ahora, en este instante. No solo el sosiego y la paz de los españoles, sino la del mundo actual globalizado. La evidencia responde negativamente, pues solo de manera relativa podemos considerarnos en paz. Estados Unidos, tras el cruel y vil  atentado del Word Trade Center puso los cimientos para que no volviese a ocurrir tan tremenda masacre en su suelo, y lo procuró para el suyo, pero no para otros. En aquel entonces, el inefable Busch no supo responder nada más que con violencia, que generó más violencia y, fruto de ello, en nuestro suelo, el de España, sufrimos la brutal sangría del 11 de marzo, el mayor atentado contra nuestros ciudadanos en toda la historia de España.

Amanecía aquel jueves en Madrid como un día cualquiera… y feliz, al menos para los madrididistas, pues el Real Madrid le había ganado, la noche anterior, al Bayer de Munich por un gol a cero en el estadio Santiago Bernabéu. La gente trabajadora iniciaba su jornada habitual dispuesta a enfrentarse a sus tareas cotidinas con el mejor de los ánimos. Y aquellos que, desde las provincias acudiamos al partido, nos levantábamos de nuestras camas en el hotel con el recuerdo de la victoria futbolera junto a las prisas de hacer la maleta para regresar contentos a casa.

Entre el cansancio y el sueño, nos levantamos con los primeros bostezos matutinos y los  sonidos de fondo del tráfico y, el ir y venir de la gente en la Puerta del Sol. Había que prepararse pronto para la vuelta a casa y nada mejor que una ducha para despertar al nuevo día. Mientras escuchábamos en la radio, de fondo, el Hoy por hoy de la cadena SER, nos sorprendió la voz de Iñaki Gabilondo rompiendo la monotonía informativa con la noticia de las dos primeras bombas. A partir de aquellos momentos, Madrid se convertía en la ciudad del dolor. Madrid se convertía en víctima de una guerra de usurpación en la que el Gobierno de Aznar nos había metido.

Los dispositivos de seguridad montados en torno a las estaciones afectadas por las bombas terroristas, no nos permitieron llegar hasta la estación de Atocha, así que regresamos al hotel y decidimos esperar. Como nuestro hotel estaba en la misma Puerta del Sol, hotel París, nos acercamos a la plaza donde se concentró uno de los puntos de protesta contra el atentado; primeramente contra ETA, después contra la guerra de Irak y más tarde contra el Gobierno que, vilmente, mentía hasta donde podía. Pero también la Puerta del Sol se convirtió en uno de los puntos solidarios donde donar un poquito de nuestra sangre. Las colas se hicieron largas… Nuestra canon fue la mejor herramienta etnográfica para guardar en nuestros corazones la gran tragedia.

El silencio se hizo presente durante toda la mañana en la plaza, símbolo del corazón de España. No hubo gritos. Sí, rabia contenida. Por la tarde alrededor de las seis, un ronco murmullo se oía desde la habitación de nuestro hotel. Abrimos la ventana y comprobamos que ante la puerta de la sede del gobierno autónomo madrileño, se estaba formando una gran concentración de personas que protestaban casi en silencio. Solo una pancarta frente a la puerta del edificio y un mástil con la enseña nacional y un crespón negro que ondeaba por encima de la multitud. Nos unimos a aquellos ciudadanos anónimos con respeto, indignación y dolor. Al llegar la noche, la manifestación se transformó en una silenciosa vigilia que duró hasta la madrugada: velas encendidas, rostros entristecidos… Entre los corrillos distribuidos por la plaza al azar, la sombra de la duda de la autoría del atentado comenzaba a despejarse entre los ciudadanos de a pie…

Al despertar del día siguiente, el sonido constante e intenso del día anterior había dado paso a otro más difuminado, más suave, casi rozando el silencio. Amaneció sin sol y con frío. Nos despedíamos de Madrid con el corazón roto, con la tristeza en nuestros rostros y conteniendo la emoción. Cuando el tren de Altaria inició su marcha en dirección a Andalucía, tuvimos la posibilidad de fotografiar algunos de los vagones destrozados por las bombas. Y lo hicimos para que nunca se nos borrase de nuestras retinas, la imagen de aquel día de muerte, miedo y terror. Para que siempre recordásemos a todos cuantos murieron y padecieron en aquel siniestro 11 de marzo de 2004 en Madrid, la capital del dolor.

El 5 de marzo de 1812, un año después de la batalla

A comienzos de marzo de 1812 la situación en la Chiclana ocupada era insostenible. La miseria, el hambre y la desolación se habían apoderado de la población, mientras que el ejército imperial, transcurrido un año de la batalla, aún se sentía inseguro y amenazado en sus posiciones  ante la posibilidad de un nuevo ataque angloespañol, pues la Batalla de Chiclana supuso, al margen de las 2.300 bajas francesas, un grave inconveniente para los soldados imperiales acantonados en la villa chiclanera: poner la línea en estado de máxima alerta.

A mediados de febrero llegaba a Chiclana el mariscal Victor y sus edecanes para realizar, una visita de inspección a la localidad y comprobar  in situ el lento ritmo de trabajo del cerramiento de la villa y de la construcción de los nuevos cuarteles. Fue hospedado  en una de las mejores casas y agasajado por la Municipalidad con los máximos honores que se le podía dispensar. Días después, se recibía un decreto del propio mariscal, que pasaba el comandante de la plaza, con  “las reglas para la formación y organización de las Milicia Cívica”. La Municipalidad respondía a tal orden con un oficio en el que exponía la grave situación del “pueblo en las actuales circunstancias de miseria e imposibilidad en que se halla con la formación de la referida milicia…” y le recordaba una anterior orden en la que se excluían de dicho servicio a los pueblos de Puerto Real y la propia Chiclana.

En las sesiones de los cabildos de los días 6 y 7 de marzo, los asuntos a tratar fueron órdenes del comandante de la plaza. Una de ellas era relativa a la reparación de un horno de brea “que en las Casa de las Monjas sita en los carriles (actual calle Bailén) que había inutilizado Dn. Nicolás Tocino”. Se desconoce el motivo o los motivos que llevaron a este vecino pudiente a destrozar el horno de las monjitas, pero algo tuvo que acontecer de extraño cuando  fue llevado a cabildo y, una vez deliberado el asunto, fue multado con 50 ducados, además de ser obligado a reparar el horno. Otro de los asuntos importantes fue la decisión de realizar una representación (documento escrito) dirigido al general comandante de las Divisiones del Centro en la que se exponía la imposibilidad suministrar al ejército de 10 bueyes, 30 carneros y 15 cerdos para salar.

Estas contribuciones se hacían cada día más difíciles, pues la esquilma durante los meses anteriores fue exagerada y los vecinos pudientes, los que podían contribuir, estaban al borde de la ruina y la miseria. Por ello, la Municipalidad no cesaba de enviar representaciones, tanto al mariscal Victor como al todopoderoso mariscal Soult. Solo por mediación del general Villatte, la villa chiclanera se libró de ciertas contribuciones. Pero a pesar de ello, la firmeza del invasor era monolítica. Así, la difícil coyuntura por la que transcurría la población, no permitía a sus habitantes un solo resquicio, ni para la alegría, ni para el lamento.

Los románticos ausentes en el cuadro de Esquivel

El pintor sevillano Antonio María Esquivel, pintor de cámara desde 1843, realizó dos cuadros colectivos costumbristas relacionados con los poetas románticos que han quedado para la historia del arte y para la historia del Romanticismo español.

El primero de ellos titulado, Lectura de Ventura de la Vega delante de los actores de la época, fue pintado en 1845. El segundo, Los poetas contemporáneos fue realizado al año siguiente. Pues bien, en ese gran retrato colectivo que es, Los poetas contemporáneos o Lectura de Zorrilla en el taller del artista aparecen cuarenta y un personajes relevantes de la época: poetas, músicos, políticos, bibliófilos… y dos retratos. El del duque de Rivas y del poeta José de Espronceda, éste último fallecido en 1842. Sin embargo, faltan otros dos personajes para completar el verdadero panorama intelectual de la primera mitad del siglo XIX.

Son dos escritores fundamentales en la literatura de aquel período; dos grandes figuras del Romanticismo español: uno el escritor madrileño Mariano José de Larra y el otro, nuestro poeta  Antonio García Gutiérrez. Ambos amigos y unidos, además, por el teatro y por el drama del poeta, El trovador, al que el escritor madrileño le dedicó dos artículo en El Español  los días 4 y 5 de marzo de 1836, unos días después de su apoteósico triunfo, son los dos grandes ausentes del cuadro de Esquivel. El primero por haber suicidado, de un pistoletazo, en 1837 y el segundo por encontrarse fuera de España, en Mérida de Yucatán (México).

Tanto Espronceda, como Larra y García Gutiérrez eran amigos en común. El más joven de todos, el chiclanero García Gutiérrez, fue el último en morir y también el último en reunirse con los dos en el panteón de Hombres Ilustres de la Asociación de Escritores y Artistas Españoles en el cementerio de la Sacramental de San Justo, San Millán y Santa Cruz de Madrid (Cementerio de San Justo). Los restos mortales de Larra y los de Espronceda fueron enterrados en 1902. Los de Antonio García Gutiérrez, que fueron sepultado en la sacramental de San Lorenzo en 1884, fueron inhumados en 1973 en el mismo nicho de Espronceda. Así, los tres escritores amigos, que no pudieron posar juntos en el gran lienzo de Esquivel,  descansan, unidos para siempre, en un mismo panteón.

Chiclana, 13 de febrero de 2012

Almadrabas: industria y cultura

Una de las primeras técnicas de subsistencia del hombre, quizás una de las actividades primigenias de las bandas de cazadores-recolectores fue la pesca. Su invención se pierde en el amanecer de la noche oscura de los tiempos, y aunque apareció mucho más tarde como forma de economía especializada, fue, sin lugar a dudas, una de las primitivas formas de división técnica del trabajo. Si bien en un principio sólo fueron simples útiles y más tarde rudos instrumentos, la pesca constituyó una de las prácticas más ponderables y necesarias de aquellos primeros homínidos. Desde tan lejano amanecer hasta nuestros días su evolución ha sido, como en la gran mayoría de las cosas, un constante camino de superación y desarrollo tecnológico. Sin embargo, éste ha provocado en el último tercio del siglo XX y  en la primera década del nuevo milenio un importante desequilibrio biológico.
La pesca del atún rojo es un claro ejemplo de este desarrollo. Tan milenaria como nuestra propia historia provincial, la pesca del atún rojo que, como un rito de paso se ha venido perpetuando durante milenos en el litoral gaditano, tiene como partida la revolución neolítica. Así, los primeros pescadores comenzaron la captura del atún invocando a sus dioses entre extraños ritos,  sencillas prácticas y rudimentarias artes. Y tal vez, en la mítica y legendaria Tartessos una de las riquezas productivas fuese la pesca del atún. Turdetanos y asimilados quizá tuvieran en ella uno de los modos de producción con mayor peso en su estructura económica-social. Mucho más tarde, con la llegada de los fenicios, griegos, púnicos y romanos, las capturas se intensificaron, desarrollándose técnicas de salazón y comercializándose toda la pesca de los atunes que, cada primavera, pasaban por la costa de nuestra provincia en su viaje desde el Círculo Polar Ártico hasta el Mediterráneo – la de la avenida- y viceversa -la del revés-. Una tradición pesquera mediante técnicas como la jábega o la almadraba, recurso éste último, que es a la vez una de las más tradicionales e ingeniosas técnicas de pesca descritas desde la Antigüedad donde las distintas fratías de pescadores, que vivían en nuestro litoral, formaban un consolidado grupo característico de las costas españolas -tanto mediterránea como sudatlántica- los cuales utilizaban toda suerte de artes. Pero sobre todo será la almadraba la mejor de las técnicas para pescar atunes. La almadraba es por antonomasia el dispositivo más espectacular de pesca en nuestro país, que forma parte de nuestra cultura y que como otras cosas llevamos, por enculturación, a América. Así, en las distintas almadrabas que jalonaban nuestras costas, se pescaban los atunes mediante un tipo de trampa llamada almadraba  “de tiro” o “de buche avenida”. Precisamente en los siglos XVI y XVII, las almadrabas conocerían un período de auge y de importantes beneficios económicos para la casa ducal de Medina Sidonia, dueña hasta 1817 de las almadrabas de la costa gaditana.
Aún hoy, cuatro almadrabas persisten en nuestra provincia: la de Conil, Barbate, Zahara y la de Tarifa. Finalizada la campaña pesquera con un balance negativo, ha saltado la señal de alarma. Durante los últimos años, se vislumbraba la posibilidad hacer rentable una técnica como la almadraba, pero ahora ha quedado en espera de otras soluciones. Y en algunos casos, como la recién proyectada almadraba en Chiclana, se ha visto paralizada ante una posible moratoria para la captura del atún. La sistemática utilización de nuevas tecnologías en la pesca industrial que provocó una extraordinaria transformación en el sector, ha traído como consecuencia inmediata negativa la masiva extracción de atunes. Para evitar el agotamiento de la especie, se hace necesaria una nueva política pesquera, pues aún a pesar de las medidas adoptadas por el Consejo de Europa, decretos y moratorias, el atún rojo es víctima del más peligroso de los depredadores, que es capaz además, de acabar con la pesca tradicional.  De acabar con una parte de su industria y su cultura.
Publicado en Diario de Cádiz, el 17 de diciembre de 2008

Bienvenido al blog, viajero

Iniciamos este blog viajero dando la bienvenida a nuestros lectores. Aquí, en el Sur, desde Andalucía, en tierras gaditanas, desde  la milenaria Chiclana de la Frontera. El blog Viajero en el Tiempo quiere viajar, como el protagonista de la célebre novela de Herbert George Wells de La máquina del tiempo, a través del espacio cibernético e introducirse en las páginas de la Historia y en el conocimiento antropológico. Así, historia y  antropología irán de la mano con el objeto de poder compartir la inherente condición humana de conocer, aprender y transmitir el saber. Partimos, precisamente, de la base de intentar transmitir la cultura, nuestra cultura. Ese conjunto de conocimientos, creencias, comportamientos, costumbres… adquiridos en las diferentes etapas evolutivas de nuestro desarrollo como comunidad; desde la más lejana protohistoria hasta nuestros días. Y ahora más que nunca cuando nuestra sociedad parece zozobrar, cuando atravesamos por una etapa nueva llena de incertudimbres e inquietudes, cuando todo se cuestiona, es tal vez el momento de reflexionar sobre el pasado, el próximo pasado y mirar al futuro de otra manera, con mayor responsabilidad y sosiego. Tal vez una vuelta de tuerca más en busca de otro modo de progreso, un nuevo concepto de sociedad, nuevos planteamientos en la economía mundial, nuevas perpectivas de respeto al Planeta. De este modo, podremos alcanzar el futuro, el incierto futuro que hoy estamos construyendo.

Nuestro reconocimiento y homenaje al genial Herbert George Wells.