Crónica de la riada de 1965 en Chiclana de la Frontera (IV)

DE BIEN NACIDOS ES SER AGRADECIDOS

Conforme pasaba los días, la gente, los vecinos, hacían multitud comentarios de todo tipo. Había ocurrido lo imposible. Hasta el propio Franco se sorprendió cuando se lo contó el propio alcalde. La palabra que más sonaba, la que estaba en boca de todos era: ¡milagro! Milagro que no pasara ni una sola desgracia personal; que no muriese nadie en la inundación. Y se hablaba de lo ocurrido en el comedor social. Los propios padres de los niños y niñas salvados, también pensaron que aquello fue un milagro. Y que allí hubo un ángel de la guarda: Victoria Baro Sánchez. Lo cierto fue que hubo más de uno, pero ella encarnó, sin quererlo, el papel de humilde guarda celestial. Lo sucedido se fue corriendo por la ciudad. El Ayuntamiento tuvo conocimiento de cómo aquella señorita tuvo el coraje suficiente para mantener a salvo a los niños. Primero en el comedor y más tarde en el camión[i] de José Antonio González Morales[ii] conducido por Cristóbal Vela, que hizo cuanto pudo para rescatar a los niños. Finalmente también hubo de ser auxiliado por los vecinos Barberá y Cañizares, al romperse las cuerdas sujetas a los hierros de los cierros cercanos que mantenían sujeto el camión.

Entretanto, se había recibido[iii] en el registro de entrada del Ayuntamiento un oficio del gobernador civil, Santiago Guillén Moreno, que remitía un escrito dirigido a él, de 3 de noviembre, del teniente coronel y primer jefe de la Comandancia de la Guardia Civil de Cádiz relatando los servicios prestados durante la inundación, de un salvamento realizado por tres miembros de la benemérita en el que se distinguieron los guardias 2º Eduardo de la Torre Prieto, Antonio Pérez Ocaña y Antonio Vázquez Garrido. El oficio decía así:

En las operaciones de salvamento llevadas a cabo (…) con riesgo de perder la vida se arrojaron a la gran corriente de agua que bajaba por la calle de Rivero, sin temor al peligro de ser arrastrados por las aguas, que alcanzaban una altura de dos metros. Tras ímprobos trabajos, consiguieron llegar a nado a la casa nº 11 de la referida calle, habitada por un matrimonio de unos 70 años de edad, así como dos hijas del mismo, una de ellas anormal, cuya familia se hallaba agarrada a una de las rejas de las ventanas interiores, con agua a la altura del cuello. Con esfuerzos inaudítos y agotadores, lograron subirlos al tejado del edificio, lo que no pudo conseguir en una tentativa realizada por un helicóptero de la Marina, que tuvo que abandonar el intento.

Por uno de los guardias le fue hecha la respiración artificial de boca a boca, a la anciana del matrimonio en cuestión, debido a sufrir ésta de un ataque al corazón en el momento de ser subida al tejado. Estos vecinos permanecieron en aquel tejado hasta ser rescatados por uno de los helicópteros, atraídos por las señales constantes de la fuerza indicada. Con dicha acción, los mencionados guardias, lograron salvar la vida a los infortunados vecinos de aquella casa, a costa del riesgo que corrieron de perder la suya.

Lo que tengo el honor de participar a la respetable Autoridad de V. E. para su conocimiento.

Ello por si a la vista de los hechos concurridos en los Guardias citados, con motivo del extraordinario servicio humanitario prestado, fuesen acreedores de recompensa de la Orden de Beneficencia, de la que V. E. es Presidente y Jefe Provincial, en mérito a los servicios prestados por aquellos[iv].

 Era otro de los episodios heroicos del 19 de octubre. Éste menos conocido, que el caso del comedor. La respuesta no se hizo demorar mucho. Así, al día siguiente, un oficio del alcalde de la ciudad daba por cierto cuanto se relataba en el escrito del teniente coronel de la Guardia Civil y confirmaba los hechos:

 Tengo el honor de participar a V. E. que de los informes facilitados a esta Alcaldía por los Agentes de mi Autoridad, resulta ser cierto cuanto se expone en dicho escrito. Al propio tiempo, tengo el honor de comunicar a V. E., de que esta Alcaldía considera a dichos Guardias acreedores de la recompensa para la que se proponen por la Comandancia de la Guardia Civil[v].

 Justo un mes después de la catástrofe, la Comisión Municipal Permanente, cuando entendemos que se han realizado las gestiones más perentorias y otras que continuarían durante los siguientes meses, comienza a manifestar, de forma oficial, los agradecimientos a todas aquellas personas e instituciones que de una forma especial se distinguieron en aquel infausto día 19 de octubre.

Una de las personas destacadas en el auxilio de sus conciudadanos fue José Barberá Gallardo, hermano de Manuel, propietario del conocido restaurante Manguita. Es el primer vecino a quien se le reconoce sus méritos. Así, en la sesión correspondiente al 19 de noviembre 1965[vi] de la Comisión Municipal Permanente es propuesto, por su heroica acción, para la concesión de la Medalla de Beneficencia:

 El Alcalde expone que tiene conocimiento de que el vecino de esta ciudad don José Barberá Gallardo, de 29 años de edad casado, hijo de José y de María, domiciliado en la calle Final de Rivero nº 33, desde los primeros momentos de la catastrófica inundación padecida por esta ciudad y su término municipal, con motivo del desbordamiento del río Iro el día 19 de octubre pasado, se dedicó con un bote de pequeñas dimensiones, propiedad de su padre, al salvamento de los vecinos de la barriada Ntra. Sra. de los Remedios, de la Obra Sindical del Hogar y Arquitectura. Destacando que en dicho salvamento su trabajo fue intenso al luchar contra la gran fuerza de la corriente, habiendo alcanzado las aguas en algunos momentos una altura aproximada de seis metros, exponiendo su vida por haber estado la embarcación a punto de zozobrar en varias ocasiones, no cesando en su labor hasta las 20 horas, en que quedó todo el personal evacuado, finalizando con éxito los trabajos, sin lamentar desgracias personales, gracias a la pericia y arrojo del citado vecino[vii].

 Y tras deliberar al respecto, los miembros presentes acordaron hacer constar en dicho acta “el profundo agradecimiento y felicitación de la ciudad, de la Excma. Corporación y de la Alcaldía-Presidencia, a don José Barberá Gallardo por su extraordinario y heroico comportamiento”[viii]. Asimismo, se solicitaba al gobernador civil de la provincia, la concesión de la medalla de beneficencia “en prueba de reconocimiento a los méritos contraídos”[ix]. Y se daba conocimiento al propio interesado, del acuerdo adoptado. En la misma sesión y en su punto sexto, también se felicitaba al Guardia 1º Manuel Pérez Contreras:

 El Sr. Alcalde expone que tiene conocimiento que (…) desde los primeros momentos de la catastrófica inundación (…) en un bote de pequeñas dimensiones, propiedad de don José Barberá Gallardo, en unión de éste se dedicó al salvamento de los vecinos de la barriada Ntra. Sra. de los Remedios de los Obra Sindical y del Hogar y Arquitectura. Destacando que en dicho salvamento su trabajo fue intenso al luchar contra la gran fuerza de la corriente, habiendo alcanzado las aguas en algunos momentos de la riada una altura aproximada de seis metros, exponiendo su vida por haber estado la embarcación a punto de zozobrar en varias ocasiones, no cesando en su labor hasta las 20 horas, en que quedó todo el personal evacuado, finalziando con éxito los trabajos, sin lamentar desgracias personales, gracias al arrojo del contado Guardia Civil 1º.[x]

 El regidor finalizaba manifestando, en su nombre y en el de la Corporación, su más “profundo agradecimiento (…) y satisfacción”[xi] a la vez que indicaba: se abriese un expediente para el asunto donde constase este reconocimiento, al tiempo que se enviaban dos oficios al respecto: uno al capitán de la 8ª Compañía de la Guardia Civil –la de Chiclana– Pedro del Pozo Pineda, y otro al propio Manuel Pérez Contreras.

El siguiente punto a tratar también era referente a otro agradecimiento. En este caso a una institución, pues se había recibido con anterioridad una carta del secretario general del Instituto de Biología y Sueroterapia, S. A. de Madrid, en la que expresaba su pesar por la catastrófica inundación padecida por la ciudad. En ella, el director general del Instituto manifestaba haber:

 …decidido prestar una aportación a este Ayuntamiento, estimando saldada la cifra de Sesenta mil pesetas importe del presupuesto que esta Corporación tenía aprobado por la desratización en bloque de esta Localidad, cuya primera fase o de choque fue realizada hace seis meses; y sin más perjuicio de que los expertos de dicha Sociedad, efectúen en el presente mes, la segunda fase de la campaña.

El gesto fue elogiado y agradecido por la Corporación. Tras la deliberación oportuna y por unanimidad, se acordó: “… hacer constar en el acta el testimonio de reconocimiento y sincera gratitud, en nombre de la Ciudad”, así como enviar una carta, en los mismos términos, al secretario del instituto madrileño.

Hasta principios de enero de 1966 no hallamos un nuevo reconocimiento oficial alusivo a la inundación. Es, en la sesión extraordinaria del 14 de enero. En ella[xii], el alcalde-presidente lee un expuesto sobre “la concesión a S. E. El Jefe del Estado de la Medalla de Oro de esta Ciudad y el Título de Hijo Adoptivo de la Misma”[xiii]. La concesión de dichos honores se justificaba con estas palabras:

 … a S. E. El Jefe del Estado, que en los días aciados (aciagos) y de infortunio cuando las inundaciones por desbordamiento del río Iro, trajeron a esta Ciudad tragedia y desolación, no la olvidó en su corazón y supo prestarle asistencia moral y material, habiendo de destacarse por su importancia la ayuda extraordinaria, pronta y eficaz, concedida por el Caudillo de España y su Gobierno a esta Ciudad, para remediar los enormes daños causados por la catastrófica inundación padecida por la misma (…) Inundación sin precedentes por su magnitud, que en pocas horas arrasó la zona baja de la Ciudad, privó de hogar a centenares de familias infirió cuantíosísimas pérdidas a la industria; el comercio y la agricultura, destruyó numerosos inmuebles, dañando gravemente muchos mas, y causó serios perjuicios a los servicios públicos de enfraestructura. Conocida por todos la actitud generosa y tutelar adoptada por el Caudillo de España y su Gobierno, ante tan magna catástrofe, prestándonos su aliento y apoyo moral y concediéndonos ayuda material, realmente extraordinaria, consistente fundamentalmente en lo siguiente: reposición de ajuares y enseres de damnificados por un total importe de quince millones de pesetas; subvención a fondo perdido de veinticinco millones de pesetas a este Ayuntamiento, para la reparación de daños habidos en obras y servicios municipales; adopción de las medidas necesarias en orden a la concesión de créditos a largo plazo y con reducido interés, para los industriales, comerciantes y agricultores damnificados; orden de redacción de los proyectos técnicos precisos para la realización de las obras de defensa y encauzamiento del río, con nuevo puente, encaminadas a evitar la repetición en el futuro de siniestros de esta naturaleza; y estudio de financiación de un importante grupo de viviendas destinadas a las familias damnificadas. Prácticamente, se nos ha concedido el cien por cien de la ayuda solicitada[xiv].

También se acordaba, previa deliberación y asímismo por unanimidad, un “Agradecimiento Corporativo”[xv]. Decía así:

A).- Manifestar al Excmo. Sr. Ministro de Hacienda, don Juan José Espina Sanmartín, su profundo sentimiento de reconocimiento y gratitud por la atención e interés que ha puesto en el conocimiento y resolución de los problemas de esta Ciudad, gravemente damnificada en la inundación que sufrió el día 19 de Octubre de 1965, habiendo honrado a esta Ciudad con su gratísima visita del pasado día dos de enero, en cuya ocasión, que nunca se borrará de nuestra memoria, nos trajo el apoyo moral del Caudillo de España, del Gobierno de la Nación y el suyo propio, a la par que nos informaba de las extraordinarias y generosas medidas adoptadas por el Gobierno, para la desaparición total de los efectos destructores de dicho siniestro, una de cuyas medidas fue materializada por el propio Sr. Ministro mediante la entrega al Sr. Alcalde de un cheque por un importe de diecisiete millones y medio de pesetas. Esta Corporación desea, además, hacer constar su enorme complacencia y satisfacción por el honor de que el Sr. Ministro de Hacienda tuvo ascendencia directa chiclanera por cuyo hecho, que el mismo hizo público, esta Ciudad y esta Corporación se felicitan y congratulan.

B).- Manifestar su profundo sentimiento de reconocimiento y gratitud hacia el Excmo. Sr. Gobernador Civil de esta Provincia, Don Santiago Guillén Moreno, quien de una manera incansable y con un singular espíritu de entrega y abnegada dedicación, digno de toda loa, ha venido prestando a esta Ciudad, con ocasión de la catastrófica inundación padecida por la misma (…) por desbordamiento del Río Iro, su ayuda ininterumpida, extraordinaria y eficaz; ofreciéndonos desde el primer momento su asistencia moral y material y consiguiendo del Gobierno de la Nación, la concesión de cuantas prestaciones le fueron solicitadas. Esta Corporación lamenta que las prescripciones del vigente Reglamento de Honores y Distinciones de la misma, impiden el otorgamiento a la Primera Autoridad Civil de esta Provincia, de los más altos honores municipales a los que en justicia es acreedor, pero desea dejar constancia de su voluntad de conferírselos tan pronto como sea legalmente posible.

C).- Manifestar al Excmo. Sr. Presidente de la Excma. Diputación Provincial de Cádiz, Don Alvaro Domecq y Díez su sentimiento de reconocimiento y gratitud por la magnífica y valiosa ayuda prestada a esta Ciudad, con ocasión de la inundación catastrófica padecida por la misma (…) por desbordamiento del río Iro, concretada fundamentalmente en la operación crediticia aprobada por la Excma. Corporación de su Presidencia, para garantizar la concesión de préstamos a los industriales y comerciantes de esta Ciudad, damnificados en dicha inundación.

D).- Expresar su agradecimiento y reconocimiento a Cáritas Parroquial de esta Ciudad y a su Presidente, Don Diego Gómez Soler por la extraordinaria colaboración y ayuda prestadas a este Ayuntamiento, en la prestación de asistencia moral y material a los damnificados de esta Ciudad, en la inundación catastrófica padecida por la misma (…) con cuya ocasión hicieron gala una vez más, de su encomiable espíritu de entrega y servicio a bien común.

E).- Manifestar su reconocimiento y agradecimiento a Auxilio Social, por la valiosa y eficaz colaboración prestada a este Ayuntamiento, en la asistencia material prestada a los damnificados de esta Ciudad (…)[xvi].

No todos los puntos, sin embargo, fueron agradecimientos en aquella sesión. Uno de los más importantes fue la aprobación del presupuesto ordinario para el año de 1966[xvii]. Hago esta referencia al presupuesto, porque el siguiente punto, se trataba de aprobar el anteproyecto y estudios ténicos para la reparación de los daños de las instalaciones municipales afectadas por la inundación y que era el doble[xviii] del presupuesto anual del Ayuntamiento.

Para la siguiente sesión plenaria, la del 28 de enero de 1966, continuaron los agradecimientos. Ésta comenzaba con expresiones de agradecimiento al ministro de la Vivienda, al director general del Instituto Nacional de la Vivienda y al delegado provincial de dicho Ministerio. En las tres se manifestaba: “el profundo sentimiento de reconocimiento y gratitud de esta Corporación, por la extraordinaria y valiosa ayuda moral y material prestada”[xix]. Al jefe provincial de Sanidad se le añadía:

 Por la eficacia y extraordinaria asistencia y ayuda prestada a esta Ciudad, con ocasión de la inundación catastrófica (…) destacar, entre las medidas sanitarias adoptadas, las conducentes a regularizar y controlar el suministro de agua y la urgente e importante campaña de vacunación antitífica llevada a término[xx].

 A la Delegación Provincial de la Sección Femenina de Cádiz, pues desde los primeros instantes hizo gala “de un encomiable espíritu de abnegación y sacrificio, han venido ofreciendo incansablemente, con celo desprendidamente y generosidad, su actividad a beneficio de los damnificados haciéndoles llegar junto a su aliento moral, la ayuda material concedida por el Gobierno de la Nación”[xxi]. Al mismo tiempo que solicitaban el Lazo de Beneficencia para dicha institución. En el mismo punto, el alcalde manifestó que tenía conocimiento:

Del extraordinario comportamiento de los vecinos de esta Ciudad, Srta. Victoria Baro Sánchez y don Luis Barberá Campano, el día de la catastrófica inundación padecida por la misma (…), con motivo de la evacuación y salvamento de 50 niños que se encontraban en el Comedor Infantil de Auxilio Social, establecido en la calle Magistral Cabrera, nº 4; los citados niños fueron sacados del local uno a uno en brazos de la citada Srta., que presta sus servicios en dicha Institución en calidad de auxiliar y colocados en un camión que estuvo a punto de zozobrar y ser arrastrado por la fuerza de las aguas desbordadas, poniendo en peligro la vida de los menores; tras no pocos esfuerzos, el camión fue atado con cuerdas y situado cerca de la fachada de la casa nº 5 de la misma calle, propiedad de Don Luis Barberá Campano, quien desde el balcón de su casa, colocó una escalera de manos sobre la cabina del camión; atados los niños por la cintura, uno a uno fueron elevados a la casa del Sr. Barberá y puestos a salvo, gracias al arrojo y pericia de la Srta. Baro Sánchez, quien en varios momentos puso en peligro su vida y la eficaz ayuda que le prestó desde su domicilio Don Luis Barberá[xxii].

 Es la primera vez que se llevaba a Pleno el caso del salvamento de los 50 niños. La Corporación Municipal, por unanimidad expresó sus sentimientos de gratitud y reconocimiento a Victoria Baro Sánchez y a Luis Barberá Campano, por dicho comportamiento, y enviaba una propuesta a la autoridad de Marina, para que se le concediese la Cruz de Salvamento a ambos[xxiii]. También a otro vecino se le reconocía su labor posinundación. Era el torero Emilio Oliva, que organizó un festival taurino en el que se recaudaron fondos para los damnificados. Tampoco se olvidaban del obispo de la diócesis Cádiz-Ceuta, Antonio Añoveros Ataún, por:

 Su paternal asistencia moral y material prestada a esta Ciudad, (…) ofreciéndonos en los momentos de infortunio, su aliento moral y su ayuda económica, llegando incluso, a desprenderse generosamente de su preciado anillo episcopal, aceptando en su bello gesto que fuese subastado en beneficio de los danmificados en dicho siniestro[xxiv].

Del mismo modo expresaban sus sentimientos de gratitud y reconocimiento a los tenientes de navío: José María Calvar Martínez, José A. Serrano Punyet, Gonzalo Ozores de Urcola, Juan Génova Sotil, Isidoro Armada Franco, Carlos Sánchez de Toca Acobal, José Luis del Hierro Alcántara[xxv], José María Otero Menéndez; al capitán de infantería de marina, Manuel Grandal Hermidas; Antonio Guerrero Corrales, Pedro Regalado, José M. Ozores Meléndez, Jorge Calvar, José Sanromán Treviño, así como el alférez de navío J. Luis del Hierro. Todos ellos, según iba relatando el alcalde:

Intervinieron con el más alto espíritu de sacrificio y extraordinaria eficacia, en el salvamento de personas que se encontraban en peligro de perecer arrastradas por la violencia de las aguas desbordadas del río Iro; congratulándose y felicitando a dichos Oficiales y Suboficiales, el haberle sido concedida por el Excmo. Sr. Ministro de Marina, al Medalla del Mérito Naval, justa recompensa a sus excepcionales servicios y magnífica preparación[xxvi].

Notas:

[i] El camión fue avisado por Carlos Andrades Atalaya, según me contó su hijo Antonio.

[ii] Me comentó José Antonio González que el camión era nuevo, lo acababa de comprar. Arrastrado por la corriente puedo recogerlo al día siguiente en la calle Caraza, en Las Albinas lleno de fango. El motor quedó inservible y solo pudo vender el chasis y las ruedas.

[iii] El día 8 de noviembre.

[iv]AHMCh. Escrito del teniente coronel Primer Jefe de la 247ª Comandancia de Cádiz dirigido al gobernador civil de la provincia y presidente y jefe provincial de la Orden de Beneficencia. Cádiz, 3 de noviembre de 1965.

[v] AHMCh: Número de salida: 4.216 de 9 de noviembre de 1966

[vi] En su punto quinto.

[vii] AHMCh. Legajo nº 63. Sesión de la Comisión Municipal Permanente de 19 de noviembre de 1965.

[viii] AHMCh: Ibídem

[ix] AHMCh: Ibídem

[x] AHMCh: Idem

[xi] AHMCh: Ibídem

[xii] En su punto segundo.

[xiii] Es preciso decir que, en el Pleno ordinario del 26 de noviembre del año anterior, se acababa de aprobar el Reglamento de Honores y distinciones del Ayuntamiento.

[xiv] AMHCh. Legajo nº 63. AA. CC. Sesión extraordinaria 14 de enero de 1966.

[xv] En el punto tercero.

[xvi] AMHCh. Legajo nº 63. AA. CC. Sesión extraordinaria 14 de enero de 1966.

[xvii] En el punto cuarto. El presupuesto anual ordinario ascendía a 12.756.954 pesetas.

[xviii] Alcanzaba la cifra de 25.176.896,62 pesetas

[xix] AHMCh. Legajo nº 63. AA. CC. Sesión ordinaria de 28 de enero de 1966

[xx] AHMCh. Ibídem.

[xxi] AHMCh. Ibídem.

[xxii] AHMCh. Idem.

[xxiii] Tuve la oportunidad de poder dialogar, en sus últimos años de vida, con don Luis Barberá Campano y me comentó que el declinó cualquier decoración oficial. Que solo con el reconocimiento del Ayuntamiento le bastaba y que su acción humanitaria fue tan espontánea e instintiva de cualquier persona que hubiese estado en su lugar.

[xxiv] AHMCh. Legajo nº 63. AA. CC. Sesión ordinaria de 28 de enero de 1966.

[xxv] En el suplemento especial del Diario de Cádiz dedicado al 40 aniversario de la riada aparece como alférez de navío.

[xxvi] AHMCh. Legajo nº 63. AA. CC. Sesión ordinaria de 28 de enero de 1966.