El marqués de Bertemati y Campano (II)

Una nueva entrada del próximo libro: El marqués de Bertemati y Campano, el sueño de un liberal. En esta ocasión, la entrada número 69 (sin fotos).

LA EXPROPIACIÓN

Uno de los momentos más comprometedores y cruciales de Campano fue su posible expropiación. Te puede decir que la preocupación por la expropiación de la hacienda dejó a don José Baleyron muchas noches sin concilar el sueño. El gobierno de la República, dada la necesidad imperiosa de dar respuesta al campesinado ante la gran crisis agropecuaria, había previsto una importante reforma agraria. Las primeras disposiciones que se dictaron fueron sobre la revisión de rentas de fincas rústicas. Sin embargo, ello provocó numerosas protestas, pues éstas no aclaraban algunos aspectos o bien se omitían otros, por lo que en la Gaceta de 1 de noviembre de 1931 apareció, en un solo decreto, todo cuanto se refería a la revisión de rentas rústicas. Campano, con una importante superficie de cabida para arrendamientos[1] de entre dos y tres años, se vería afectada. Y me dirás: ¿en qué modo?

Don José Baleyron estudió con detenimiento el decreto y pronto encontró soluciones. Sin embargo, en el horizonte aparecía otra de las preocupaciones, tal vez la más acuciante, la que vino con la Ley de la Reforma agraria, que no vería la luz hasta septiembre[2] de 1932. Era una Orden de la Dirección General de Reforma Agraria[3] que establecía la declaración de toda finca afectada por dicha reforma. La orden aparecía en la Gaceta[4]. La finca de Campano, como las grandes fincas de Chiclana, tuvo que registrarse para determinar si se hallaba afectada por dicha ley. Así, casi un mes después[5], don José Baleyron, como apoderado y en nombre de don Manuel José de Bertemati y Pareja, marqués de Bertemati, presentaba ante el registrador de la propiedad de Chiclana, don Antonio García Trevijano[6] la Declaración de Fincas afectadas por la Ley de la Reforma Agraria[7].

Don José no se daba por vencido y se afanaba en demostrar los avances de la hacienda, como si en aquellos momentos estuviese a pleno rendimiento, con un marqués joven y activo, dueño de su extraordinaria iniciativa y experiencia en una tierra que comenzaba a dar sus frutos. Al margen de ello había redactado las “excepciones que afectaban a la finca” y por las cuales Campano no sería expropiado. Aludía en el primer punto a los terrenos dedicados a explotaciones forestales, verdadera riqueza en aquellos momentos. Continuaba con las dehesas de pastos y monte bajo y las de puro pasto, así como los baldíos, eriales y espartizales, pues no eran susceptibles de un cultivo permanente en un setenta y cinco por ciento de su extensión superficial. Y en tercer lugar justificaba que Campano como otras fincas, por su ejemplar explotación o transformación, podía ser considerada como modelo de perfección técnica y económica. En este tercer punto clasificaba a la hacienda[8] por cultivos, contabilizando cada hectárea, centiárea y área cada uno de ellos.

Y añadía que, si no se modificasen las excepciones, no serían expropiables las explotaciones forestales[9] de eucaliptos, el pinar[10] de tercera clase, ni monte bajo, también no susceptible de cultivo permanente en un elevado tanto por ciento de la extensión[11]. Y como de las restantes porciones se tenía derecho a conservar una parte equivalente[12], según marcase la Junta Provincial, de tierras dedicadas al cultivo herbáceo y teniendo en cuenta el coeficiente de Campano en cuanto a cultivos herbáceos, la hacienda perdería la viña, los cereales y frutales, y el olivar completo.

Pero realizado el estudio, se llegaba a la conclusión de que tal vez no fuese expropiada, según el apartado número trece que en la sexta base especificaba:

Quedarán exceptuadas de la adjudicación temporal y de la expropiación las siguientes fincas: B) Los terrenos dedicados a explotaciones forestales. C) Las dehesas de pastos y monte bajo y las de puro pasto, así como los baldíos, eriales y espartizales  no susceptibles de un cultivo permanente de su extensión superficial[13]. D) Las fincas que por su ejemplar explotación técnica o transformación puedan ser consideradas como tipo de buen cultivo técnico o económico.

 Y exponía don José:

 Es mi parecer que se debe solicitar que se incluya esta finca en el párrafo (D) de la base sexta; pero no tengo confianza alguna de que se consiga. Ahora sí creo que no ofrecerá duda la aplicación de las excepciones indicadas en los párrafos (B) y (C) de la misma base.

 La declaración la firmaba don José en Campano en septiembre de 1932. Ya se encontraba enfermo, pues a partir de 1931 su enfermedad[14] se fue agravando teniendo que guardar cama cada cierto tiempo. Todo el estudio fue minuciosamente supervisado a la espera de noticias la Junta Provincial; noticias que, como comprenderás, nunca llegaron a Campano ni a ninguna otra finca de la lista de expropiables en Chiclana.

Llegaron otros gobiernos republicanos y llegó la guerra, y los braceros y jornaleros pasaron de la posibilidad real de una distribución de tierras –legalizadas por la República– al “mito del reparto” que tantos años pervivió en la mente popular campesina –auspiciada por el Partido Comunista– hasta mediados de los años setenta con la recién estrenada democracia en el reinado de Juan Carlos I.



[1] 2.981 y media aranzadas. [2] El día 15 de septiembre de 1932. [3] Del día 30 de diciembre de 1932. [4] Gaceta del día 1 de enero de 1933. [5] El día 30 de enero de 1933 a las doce y cuarenta y cinco. [6] Antonio García Trevijano fue alcalde de Chiclana entre el 10 de abril de 1938 al 24 de noviembre de 1939. [7] Declaración de Fincas afectadas por la Ley de Reforma Agraria presentada el 30 de enero de 1930. (Anexo nº 17) [8] Superficie total: 1.349 hectáreas, 52 áreas y 51 centiáreas. [9] 80 hectáreas y 11 áreas. [10] 101 hectáreas, 59 áreas y 34 centiáreas. [11] Ello correspondía el 75% de la extensión: 725 hectáreas y 48 centiáreas. Todo ello sumaba un total de 925 hectáreas, 7 áreas y 88 centiáreas. [12] Entre 300 y 600 hectáreas. [13] En un 75%. [14] Desconocemos dicha enfermedad, pues solo hemos podido encontrar una pequeña  referencia en el periódico de Chiclana La Semana: “Se ha visto obligado a guardar cama desde hace varios días bastante molesto del mal que le aqueja, el digno administrador de Campano don José María Baleyron”.