Antonio García Gutiérrez y la crítica literaria en la prensa madrileña

CONFERENCIA-COLOQUIO PRONUNCIADA EL 19 DE OCTUBRE DE 2013 EN EL MUSEO DE LA CIUDAD ORGANIZADA POR EL ATENEO DE CHICLANA Y EL BICENTENARIO DEL POETA

TRES AUTORES EN BUSCA DE GARCÍA GUTIÉRREZ

A don Vicente Palacio Atard, in memoriam.

Buenas tardes a todos. Antes que nada dar las gracias al Ateneo, al que me honro pertenecer desde su fundación, por invitarme a esta charla-coloquio, así como al coordinador del Bicentenario de García Gutiérrez, mi amigo Juan Carlos Rodríguez. Tras la intervención de mis dos compañeros que me han precedido, Quino y Pedro, yo quiero comenzar  parafraseando el inicio de El trovador que dice: “Nadie mejor que yo conoce esa historia”. Me refiero a lo que acaba de señalar Pedro González sobre el cuadro de Esquivel donde se hallan todos los románticos de la época a excepción de Larra, Espronceda y García Gutiérrez. Hace muchos años, en 1973, conocí la referida obra del pintor sevillano y estuve convencido que Aureliano Fernández Guerra era García Gutiérrez. Gran chasco me llevé cuando aquel mismo año, en viaje de estudios a Madrid, vi por primera vez el gran óleo en el Casón del Buen Retiro y pude comprobar que no era nuestro querido don Antonio. Un poco después y tras la lectura de una aproximación biográfica sobre nuestro poeta comprendí que era imposible que estuviese plasmado en el cuadro, pues se hallaba en Hispanoamérica.

Mi intervención tratará sobre García Gutiérrez y sus obras dramáticas en la prensa madrileña (nacional), sin mencionar sus comedias y solamente una zarzuela. Serán  unas pinceladas, pues sería extensa si pretendiésemos analizar tan solo la mitad de sus obras. Por ello haremos un rápido bosquejo por sus éxitos más importantes y por sus fracasos más sonados, que de todo tuvo don Antonio.

En términos generales podemos decir que la crítica periodística le trató bien. Tanto a él como persona, como a sus obras. De manera coloquial y usando el argot popular tenemos que decir que el de Chiclana siempre “tuvo la prensa en el bolsillo”.Y es que, el bueno de don Antonio, recibió a lo largo de su vida pocas críticas severas, que las tuvo, y algunas más, negativas cómo no. El resto, la inmensa mayoría, fueron favorables alcanzando amplias abalanzas y comparándolo, en más de una ocasión, con Moreto, Lope de Vega y Calderón.

La gran primera referencia, cronológicamente, fue la de Mariano José de Larra tras el apoteósico triunfo de El trovador. Se publicó en el periódico El Español los días 4 y 5 de marzo de 1836: El plan “es rico, valientemente concebido y admiráblemente desenvuelto (…) Todos los defectos de El trovador nacen de la poca experiencia dramática del autor (…) Hay muchas entradas y salidas que están justificadas (…) El drama tiene “sabor caballeresco y calderoriano díficil de igualar (…) reconocemos un instinto dramático seguro, y que nos es fiador de que no será éste el último triunfo del autor (…) Como modelos de ternura y de dulcísima y fácil versificación (…)

Eugenio de Ochoa en la revista El Artista escribió de El trovador: “Si el drama no hubiera sido bueno, el triunfo del poeta no hubiera sido un triunfo literario, sino un triunfo de circunstancias, un triunfo de un voluntario de Isabel II. Pero el público al aplaudir a El trovador no ha pensado más que en su mérito real y positivo, ni podía ser de otra manera”. El trovador le inspiraba al público: “… sensaciones profundas como se las han inspirado obras de los que están acostumbrado a mirar como los maestros del arte y el saber”.

El periódico El Semanario pintoresco, que dirigía Ramón Mesonero Romanos, al segundo drama de García Gutiérrez, El paje, le achacaba estar carente de filosofía: “pensamos más bien que se limitó al objeto de tejer una fábula que le ofrecía situaciones de efecto…” Y señalaba que aún así, “el mecanismo literario del drama, sus bien conducidas escenas; su aminado diálogo” eran buenos. Y del autor: “… tiene en él un digno intérprete, el habla de Calderón y de Moreto, un feliz continuador”.

En 1837, el drama Magdalena, que no fue aprobado por la Junta de lectura, pues opinó “que el drama no era digno de salir a la palestra”. Sin embargo, la prensa se posicionó en contra esta decisión considerando injusta su desaprobación. El diario El Español argumentaba: “No es de la Magdalena, a nuestro parecer, de donde el señor García Gutiérrez espera el renombre literario que tiempo ha conquistó y hoy disfruta; pero mucho menos puede temer por ella descrédito ni mengua alguna en su opinión, si aquel drama (como nosotros lo entendemos) es sobradamente digno de otros muchos aplaudidos de su género. Este drama debía merecer, ya que no el entusiasmo, a lo menos la estimación general. Su autor es una garantía de éxito de la pieza”. Y así fue, pues la obra se imprimió. El autor vendió sus derechos al editor José María Repullés y se publicó aquel mismo año obteniendo una gran acepción por parte del público. Se reeditó en junio de 1844.

 Antes de finalizar el año de 1837, el de Chiclana volvía con un nuevo drama a los escenarios. Se trataba del drama, El rey monje. La crítica elogió al autor: “…sus composiciones, aunque en corto número, no han dejado de ir selladas con aquella marca de suave colorido que distingue el estilo de este afectuoso poeta…” Del drama afirmaba: “…los tres primeros actos del nuevo drama compiten en belleza, distribución y poesía con lo más florido del Trovador, y a todas luces, según nuestro juicio, aventajan a cuantas escenas posee nuestro teatro moderno”.

Los siguientes años son difíciles para García Gutiérrez. No consigue el éxito con ninguno de sus nuevos dramas. Como resulta evidente la crítica le fue adversa. En 1842 se estrena Zaida. Fue un error o una de sus muchas precipitaciones. Era sosa y anodina. La Gazeta dijo: “El análisis de Zaida se hace en siete palabras: es mala y ha estado mal ejecutada (…) silbada sin oposición y con justicia por el público madrileño”. En La Iberia musical dieron de ella: “Medianamente versificada, su argumento ofrece mezquino interés para el espectador” Y ello unido a mal papel de los actores resultó que fue terriblemente silbada. Y aconsejaba a su autor: No dejarse llevar “por momentos de irreflexión dando a la escena producciones de semejante naturaleza”.

Sin embargo, un año más tarde iba a conseguir un nuevo éxito con un drama que la prensa saludaría con grandes titulares, Simón Bocanegra. El periódico El Reflejo manifestaba en sus páginas: “Adelantándonos a anunciar lo primero la feliz acogida por parte del público, prevenimos el mal sentido de algunos demasiados cavilosos pudieran dar a la opinión que vamos a emitir (…) descubriremos en él mucho genio, mucha poesía, dotes no vulgares en un escritor dramático.  Y el conservador  El Heraldo declaraba oportunamente: “… la versificacion hace recordar los mejores trozos de Lope de Vega, por su gala, facilidad y hermosura. Pocos habrán que igualen en estas dotes al señor García Gutiérrez, y ninguno seguramente que le aventaje…”.

En el drama, Un duelo a muerte, las opiniones de la crítica estuvieron enfrentadas. El Contemporáneo insistía en el talento del autor: “… el señor García Gutiérrez ha señalado el rumbo, y fijado el derrotero de la dramática española, con el peso de su gloria y la autoridad de su ejemplo”. Por su parte, el liberal, El Clamor del público puntualizaba: “Escasa novedad, la fábula imaginada por el señor García Gutiérrez, se desliza lánguidamente hasta el segundo acto (…) El señor García Gutiérrez no ha brillado nunca por la riqueza de la inventiva…”.

Otro de sus grandes triunfos, Venganza catalana, tan apotéosico como El trovador (siempre presente en la crítica) fue elogiada desde la noche del estreno, el 4 de febrero de 1864, hasta su última representación después de 57 noches consecutivas en el teatro Español. El redactor de La Correspondencia de España dijo del drama: “…es un monumento literario, un esfuerzo de genio, de talento, que solo es dado a proivilegiadas naturalezas”. Y La Iberia: “… es sin duda la más brillante hoja de su corona de poeta”. El periódico La España por su parte: “El señor García Gutiérrez no se pertenece ya después de su último triunfo, es nuestro, pertenece a España, pertenece al catálogo de genios del teatro”. Y la revista hispano-americana La Violeta: “Es una creación titánica, inmensa, es uno de los mayores esfuerzos gigantescos del arte moderno”.

 Apenas había transcurrido un año del éxito de Venganza catalana cuando se estrenó Juan Lorenzo . Fue uno de sus grandes fracasos, de público y de crítica. La Gaceta Oficial señalaba: “No es la obra más acabada de su autor pero encierra magníficos trozos de elevada poesía. El argumento ofrece escasa novedad y el desenlace es sobrado lento”.

De sus zarzuelas son pocas las críticas favorables. Siempre se le criticó el porqué escribía tantas zarzuelas. Incluso después de ingresar en la Real Academia Española. Había una gran razón, al menos para García Gutiérrez: necesitaba recurrir a ellas para subsistir. Como ejemplo, La cacería real, de la que El Clamor del público dijo que era una “composición drámatica de escaso mérito, y que además adolece de un realismo exagerado y aún ridículo (…) carece de enredo y acción (…) la fábula trivial, camina sin orden ni concierto, porque no hay en ella personajes que interesen”. Tal vez la más apreciada fue El grumete.

En su último período creativo aún tuvo algunos éxitos entonados, pero sin la trascendencia de los anteriores y menos lisonjeros. La crítica le siguió aclamando. Fue el caso de Un grano de arena, su última  obra. Los elogios fueron desmesurados, claro que se trataba un insigne y consagrado Antonio García Gutiérrez. La Correspondencia de España la catalogó de “verdadera joya literaria y joya en verdad de peregrino valor y de gran precio”.

Al final de su vida literaria y de su trayectoria vital se le juzgaba más por su persona y por el peso adquirido a lo largo de los años, que por sus últimas obras. Es cierto que escribió mucho. Él mismo lo dijo: “Creo que he escrito demasiado”. Tal vez por ello, algunas de ellas carezcan del gran talento que nuestro paisano poseía. Pero no denostemos a nuestro poeta ni a nuestro Romanticismo español, cosa que con frecuencia ocurre en nuestro país, salvo ilustrísimas excepciones. Tomemos el ejemplo de otros países, sobre todo Estados Unidos, donde se estudia e investiga con interés e inquietudes este período de la literatura española. Entre los últimos estudios críticos recordamos a voz de pronto a nuestra compatriota en la Universidad de Pensilvania, María Luisa Guardiola Tey.

Antes de finalizar quiero recordar, porque además está de plena actualidad, las palabras con que Mariano José de Larra terminaba el análisis de El trovador: “En un país donde la literatura apenas tiene más premio que la gloria, sea ese siquiera lo más lato posible; acostumbrémosno a honrar públicamente el talento, que esa es la primera protección que puede dispensarle un pueblo, y es la única también que no pueden los gobiernos arrebatarle”.