Los románticos ausentes en el cuadro de Esquivel

El pintor sevillano Antonio María Esquivel, pintor de cámara desde 1843, realizó dos cuadros colectivos costumbristas relacionados con los poetas románticos que han quedado para la historia del arte y para la historia del Romanticismo español.

El primero de ellos titulado, Lectura de Ventura de la Vega delante de los actores de la época, fue pintado en 1845. El segundo, Los poetas contemporáneos fue realizado al año siguiente. Pues bien, en ese gran retrato colectivo que es, Los poetas contemporáneos o Lectura de Zorrilla en el taller del artista aparecen cuarenta y un personajes relevantes de la época: poetas, músicos, políticos, bibliófilos… y dos retratos. El del duque de Rivas y del poeta José de Espronceda, éste último fallecido en 1842. Sin embargo, faltan otros dos personajes para completar el verdadero panorama intelectual de la primera mitad del siglo XIX.

Son dos escritores fundamentales en la literatura de aquel período; dos grandes figuras del Romanticismo español: uno el escritor madrileño Mariano José de Larra y el otro, nuestro poeta  Antonio García Gutiérrez. Ambos amigos y unidos, además, por el teatro y por el drama del poeta, El trovador, al que el escritor madrileño le dedicó dos artículo en El Español  los días 4 y 5 de marzo de 1836, unos días después de su apoteósico triunfo, son los dos grandes ausentes del cuadro de Esquivel. El primero por haber suicidado, de un pistoletazo, en 1837 y el segundo por encontrarse fuera de España, en Mérida de Yucatán (México).

Tanto Espronceda, como Larra y García Gutiérrez eran amigos en común. El más joven de todos, el chiclanero García Gutiérrez, fue el último en morir y también el último en reunirse con los dos en el panteón de Hombres Ilustres de la Asociación de Escritores y Artistas Españoles en el cementerio de la Sacramental de San Justo, San Millán y Santa Cruz de Madrid (Cementerio de San Justo). Los restos mortales de Larra y los de Espronceda fueron enterrados en 1902. Los de Antonio García Gutiérrez, que fueron sepultado en la sacramental de San Lorenzo en 1884, fueron inhumados en 1973 en el mismo nicho de Espronceda. Así, los tres escritores amigos, que no pudieron posar juntos en el gran lienzo de Esquivel,  descansan, unidos para siempre, en un mismo panteón.

Chiclana, 13 de febrero de 2012