La entrega del Sahara

El pasado sábado 28 de julio se celebró en el hotel Valentín, la X cena benéfica organizada por SADICUM en pro del pueblo saharaui. Un acontecimiento que no pasó desapercibido para la solidaria sociedad chiclanera que, como cada año, se volcó literalmente con esta justa causa. Así, la cena se convirtió simbólicamente en una gran manifestación de apoyo, solidaridad y compromiso con la República Democrática Árabe Saharaui, al margen del pequeño respaldo económico que suponía la participación en la cena. A los postres intervino el presidente de SADICUM, Antonio García Manzano que quiso reconocer el trabajo y la labor realizada a todos cuantos han colaborado y participado a lo largo de estos años y en la última campaña. También intervino el representante del Frente Polisario para Andalucía, Mohamed Salem Daha, que asimismo agradeció el gesto -o los gestos- que el pueblo de Chiclana ha tenido durante estos diez años con su nación, e hizo un breve recorrido histórico en la larga lucha que sostienen por conseguir su independencia. Y expresó el sentir y sufrimientos de los saharauis en ese tremendo exilio que ya dura casi treinta y dos años en donde conviven más de 200.000 refugiados en unas condiciones infrahumanas más propias del siglo XV que del siglo XX, sin nombrar el actual.

La historia del conflicto nos remite al otoño-invierno del año 1975 con los últimos estertores de muerte del franquismo -el dictador moribundo y nuestro Rey atado por unas leyes y un Gobierno que nunca fue el suyo- tras los fusilamientos de septiembre que habían provocado una condena unánime del régimen agonizante en todo el mundo. Incluso la ONU estuvo en la tesitura de expulsar a España de la organización. En aquellos difíciles momentos, un claro movimiento de estrategia diplomática de Marruecos planteó su vindicación del Sáhara aduciendo a una antigua soberanía, falazmente inventada, que intentaba colocar en el Tribunal de Justicia de La Haya y ante la ONU. Así, mientras los españoles iniciábamos el camino de nuestras libertades, el último gobierno franquista entregaba, más bien, vendía a Marruecos y Mauritania el Sáhara y su pueblo que, como más de un historiador ha dicho, lo hacía “con las manos y pies atados” y con la promesa nunca cumplida, de un referéndum para la autodeterminación del territorio. Todo ello, tras una guerra subterránea con el Frente Polisario que desde mayo de 1973 había dado muestra de actividad política y militar con su primera acción armada contra un puesto de policía, cuyo asalto se saldó sin víctimas, pero que tuvo un impacto mediático a nivel internacional lo suficientemente importante como para dar a conocer quienes eran los defensores del pueblo saharaui y hasta donde estaban dispuesto a llegar.  España reaccionó de forma inaudita y contradictoria al permitir y fomentar la creación de un partido político progubernamental, curiosamente, cuando en España estaban prohibidos los partidos políticos. Así nació el Partido de Unión Nacional Saharaui (PUNS).

Tras las primeras acciones armadas, en 1973, continuaron otras al año siguiente. Éstas mejor organizadas una vez que se consolidaron las bases como organización política-militar. Al mismo tiempo, se producía una fuerte presencia e implantación del movimiento independentista en la población del Sáhara y en España a través de estudiantes y obreros saharauis. El apoyo de todas las capas sociales y esencialmente,  la implicación de la mujer saharaui en la lucha por la defensa de los mismos derechos sociales y políticos del hombre, fue, sin lugar a dudas, una baza importante para  el Frente Polisario. En 1975 el apoyo vital recibido desde Argelia y Libia vendría a sumarse a la reivindicación del territorio del Sáhara, del único partido reconocido por sus habitantes. De esta manera, armas y propaganda fueron dos  elementos que unido al apoyo diplomático de estos mismos países árabes contribuyó a la internacionalización de un problema que se suponía menor. Las últimas acciones militares contra España, sobre todo, el apresamiento de dos patrullas militares, produjo en el gobierno franquista un síndrome de precipitación, miedo y desazón, por lo que en un mes tuvo lugar la paradoja de cambiar de estrategia con respecto al Frente Polisario y su política de autodeterminación e independencia. Así, el enemigo se convirtió en un aliado a vigilar y el proceso entra en una dimensión distinta en la que España “reconoce el derecho a la autodeterminación” así como el reconocimiento al Frente Polisario.  Mientras tanto una misión especial de la ONU visitaba el Sáhara y comprobaba in situ cómo el pueblo saharaui, en masa, daba su apoyo tanto al Frente Polisario mientras pedían la independencia del Sáhara. En el mes de septiembre se esperaba con inquietud el informe de la ONU y el dictamen  del Tribunal de Justicia de La Haya. En ese tiempo de espera, el Polisario sospechaba que los gobiernos de España y Marruecos están negociando. No andaban equivocado. El 12 de octubre, PUNS y F. Polisario llegan a un acuerdo para unir todas las tendencias con el fin de alcanzar la unidad nacional con vistas a una futura independencia. El 21 de octubre el Frente Polisario en un comunicado, da por finalizada su lucha contra España, entregando los últimos prisioneros y el cadáver de un soldado muerto. El día 26 el Frente Polisario entra oficialmente en el Aaiún siendo recibidos con aclamaciones y vítores por un pueblo enardecido y entusiasmado. Sin embargo, el día 28 España y Marruecos llegan a pactar el fin de la marcha verde, mientras que las reales fuerzas armadas marroquíes penetran en el Sáhara sin oposición de las españolas. Quince días más tarde se firmaba en Madrid el acuerdo de entrega del Sáhara a Marruecos y Mauritania. La infamia se había cumplido, el gobierno franquista respiraba feliz. El pueblo saharaui comenzaba su largo viaje, su largo éxodo hacia Tinduf, donde se establecían los campos de refugiados.

Publicado en Chiclana Información, el 3 de agosto de 2007