Almadrabas: industria y cultura

Una de las primeras técnicas de subsistencia del hombre, quizás una de las actividades primigenias de las bandas de cazadores-recolectores fue la pesca. Su invención se pierde en el amanecer de la noche oscura de los tiempos, y aunque apareció mucho más tarde como forma de economía especializada, fue, sin lugar a dudas, una de las primitivas formas de división técnica del trabajo. Si bien en un principio sólo fueron simples útiles y más tarde rudos instrumentos, la pesca constituyó una de las prácticas más ponderables y necesarias de aquellos primeros homínidos. Desde tan lejano amanecer hasta nuestros días su evolución ha sido, como en la gran mayoría de las cosas, un constante camino de superación y desarrollo tecnológico. Sin embargo, éste ha provocado en el último tercio del siglo XX y  en la primera década del nuevo milenio un importante desequilibrio biológico.
La pesca del atún rojo es un claro ejemplo de este desarrollo. Tan milenaria como nuestra propia historia provincial, la pesca del atún rojo que, como un rito de paso se ha venido perpetuando durante milenos en el litoral gaditano, tiene como partida la revolución neolítica. Así, los primeros pescadores comenzaron la captura del atún invocando a sus dioses entre extraños ritos,  sencillas prácticas y rudimentarias artes. Y tal vez, en la mítica y legendaria Tartessos una de las riquezas productivas fuese la pesca del atún. Turdetanos y asimilados quizá tuvieran en ella uno de los modos de producción con mayor peso en su estructura económica-social. Mucho más tarde, con la llegada de los fenicios, griegos, púnicos y romanos, las capturas se intensificaron, desarrollándose técnicas de salazón y comercializándose toda la pesca de los atunes que, cada primavera, pasaban por la costa de nuestra provincia en su viaje desde el Círculo Polar Ártico hasta el Mediterráneo – la de la avenida- y viceversa -la del revés-. Una tradición pesquera mediante técnicas como la jábega o la almadraba, recurso éste último, que es a la vez una de las más tradicionales e ingeniosas técnicas de pesca descritas desde la Antigüedad donde las distintas fratías de pescadores, que vivían en nuestro litoral, formaban un consolidado grupo característico de las costas españolas -tanto mediterránea como sudatlántica- los cuales utilizaban toda suerte de artes. Pero sobre todo será la almadraba la mejor de las técnicas para pescar atunes. La almadraba es por antonomasia el dispositivo más espectacular de pesca en nuestro país, que forma parte de nuestra cultura y que como otras cosas llevamos, por enculturación, a América. Así, en las distintas almadrabas que jalonaban nuestras costas, se pescaban los atunes mediante un tipo de trampa llamada almadraba  “de tiro” o “de buche avenida”. Precisamente en los siglos XVI y XVII, las almadrabas conocerían un período de auge y de importantes beneficios económicos para la casa ducal de Medina Sidonia, dueña hasta 1817 de las almadrabas de la costa gaditana.
Aún hoy, cuatro almadrabas persisten en nuestra provincia: la de Conil, Barbate, Zahara y la de Tarifa. Finalizada la campaña pesquera con un balance negativo, ha saltado la señal de alarma. Durante los últimos años, se vislumbraba la posibilidad hacer rentable una técnica como la almadraba, pero ahora ha quedado en espera de otras soluciones. Y en algunos casos, como la recién proyectada almadraba en Chiclana, se ha visto paralizada ante una posible moratoria para la captura del atún. La sistemática utilización de nuevas tecnologías en la pesca industrial que provocó una extraordinaria transformación en el sector, ha traído como consecuencia inmediata negativa la masiva extracción de atunes. Para evitar el agotamiento de la especie, se hace necesaria una nueva política pesquera, pues aún a pesar de las medidas adoptadas por el Consejo de Europa, decretos y moratorias, el atún rojo es víctima del más peligroso de los depredadores, que es capaz además, de acabar con la pesca tradicional.  De acabar con una parte de su industria y su cultura.
Publicado en Diario de Cádiz, el 17 de diciembre de 2008