Chiclana durante la ocupación francesa en la Guerra de la Independencia (I)

Chiclana durante la ocucpación francesa-1sc0004a941CONFERENCIA PRONUNCIADA EL 5 DE MARZO DE 2016 EN EL PATIO DE LA BIBLIOTECA MUNICIPAL DE CHICLANA CON MOTIVO DEL 205 ANIVERSARIO DE LA BATALLA DE CHICLANA

Antes de comenzar me gustaría agradecer vuestra presencia, queridos amigos, esta tarde aquí, después del acto institucional de la ofrenda floral a los caídos en la batalla. Así mismo, agradecer a nuestro Ateneo de Chiclana por invitarme a impartirla; a Juan Gómez, como representante del Ateneo, aquí en la mesa, y a Miguel González, mi presentador, que evidentemente se ha excedido con sus elogiosas palabras en la presentación; se nota que es mi amigo, por tanto no se lo tengo en cuenta.

En 1895 Herbert George Wells puso en boca del protagonista de su famosa novela, La máquina del tiempo, la siguiente frase: “Temo no poder transmitir las peculiares sensanciones del viaje a través del tiempo…” Temió el viajero y yo temo lo mismo que él, porque hoy vamos a viajar a través de un tiempo relativamente cercano, pues doscientos años en la Historia no son nada. Hoy día 5 de marzo de 2016 recordamos la Batalla de Chiclana o Batalla de la Barrosa como prefieren llamarla los británicos. Y lo vamos hacer centrándonos en el período de la ocupación francesa en nuestra ciudad: desde el 7 de febrero de 1810 hasta el día 25 de agosto de 1812. Pero antes viajemos, para conocer los antecedentes, al año de 1808, durante la etapa final del reinado de Carlos IV. Es el 17 de marzo, vísperas del día de san José. En Aranjuez, población cercana a Madrid, se ha producido un motín popular en contra del favorito del rey y primer ministro, Manuel Godoy. Sin embargo, el motín no es un motín popular, tiene unos cabecillas, visibles, que pretenden poner en el trono al Príncipe de Asturias, y lo consiguen el 19 de marzo. Fernando inicia su primer y corto reinado regresando a Madrid como rey, pero Murat y los franceses habían llegado a la capital el día anterior. Desde París llega el general Savary que tiene orden de llevar a Fernando ante Napoleón. El 20 de abril, el rey cruza la frontera del Bidasoa y se entrevista con el emperador en Bayona. El 30 de abril llegaban los viejos monarcas. Ante Napoleón padre e hijo discuten sus desavenencias y finalmente Fernando abdica ante su padre y éste entrega la corona a Napoleón que la pone en la cabeza de su hermano mayor, José y no en la de su cuñado Murat, como él esperaba. Con los ancianos reyes –además de su favorito– y Fernando en Bayona, la idea del emperador es traer al resto de la familia Real a Francia. Sin embargo, la salida del Palacio Real, la mañana del 2 de mayo de 1808, del infante Francisco de Paula provocó el levantamiento de una parte del pueblo de Madrid. Ante ello Murat, decididamente, envió un destacamento de la Guardia imperial y varias piezas de artillería. La desproporcionada fuerza provocó que el levantamiento se extendiese a toda la villa y de estos sucesos surgió la llama de la insurrección en toda España. En cada pueblo, en cada ciudad, se crea una Junta local. En septiembre, se constituye a nivel nacional, la Junta Suprema Central que estará activa hasta enero de 1810.

El 19 de mayo se convoca en Bayona a un número importante de hombres de los diversos estamentos que componían la sociedad del Antiguo Régimen, para formar asamblea constituyente de una carta otorgada, en forma de estatuto, que finalmente se aprobaría el 6 de julio de 1808 con el nombre de Constitución, denominada así por los franceses y afrancesados. Sería la forma legal por la que hermano del emperador, José Napoleón Bonaparte reinará como José I y que llevará por sobrenombres: El Intruso, el Usurpador, Pepe Botella, Pepe Plazuela, etc.

El 19 de julio en Bailén, el Ejército imperial conocerá su primera gran derrota en Europa. El general Castaños, captura tres águilas imperiales y vence a Dupont que rinde su Ejército ante el español. Además, 17.600 soldados franceses son hechos prisioneros. Pero poco duró la alegría de la victoria de Bailén porque vendrían las derrotas de Somosierra el 30 de noviembre de 1808 con 250 bajas y 3.000 prisioneros y Ocaña, el 19 de noviembre de 1809, donde se sufrió otra derrota con más de 4.000 bajas y cerca de 20.000 soldados prisioneros.

Todas estas derrotadas han mermado el poder contraofensivo del Ejército español que ve como la Gran Armée se supera en los campos de batalla. Ante este dominio francés, el mariscal Soult pone en marcha, en enero de 1810, una gran ofensiva contra Andalucía. El Ejército imperial no va a encontrar grandes obstáculos, y en su vertiginosa carrera llega hasta Córdoba, que es saqueada, y después a Sevilla, pero Victor se detiene en la ciudad hispalense tres días para recoger su artillería. Tres días cruciales que van a permitir al duque de Alburquerque llegar a la villa de la Isla de León con sus tropas, cortar el acceso al puente Suazo y fortificar la entrada a ella, lo que a la postre resultaría vital para los intereses de España. Cuando Victor llega hasta las inmediaciones, le es imposible pasar u opta por levantar un cerco. Así, Chiclana volvía a ser un pueblo que haría honor de su nombre completo: de la Frontera.

En un lugar en el Sur, la denominada “noble e invicta villa de Chiclana” que en aquel año de 1810 vivía en paz y dispuesta a olvidar la difícil coyuntura por la que acababa de pasar: la terrible epidemia de peste amarilla que había acabado con un tercio de su población, y que como escribió nuestro poeta Antonio García Gutiérrez: “Gracias que estaban en paz, / y que era todo alegría”. Estando así, en ese estado, pronto llegarían los “perturbadores de aquella armonía”. No eran esta vez ingleses, sino franceses. Al conocerse la noticia de la llegada de Soult a Sevilla y de la huida de la Junta Suprema a Cádiz, en enero se avisa al Cabildo mediante una carta-orden del marqués de las Hormaza para que tomen las medidas necesarias y envíen a la Isla de León el mayor número posible de hombres que puedan luchar. Se exime de ello a las mujeres, niños y ancianos. El 31 de enero se presenta ante el Cabildo un escrito de los franceses no avecindados en la villa suplicando no se le expulse de ella a pesar de la orden del gobernador militar de Cádiz:

 Será posible, Señores, que Chiclana, este pueblo para nosotros, hasta ahora, tan benigno y hopitalario, pueda en un instante de innato carácter, y nos repela de sus seno en un tiempo en que mas necesitamos de su amparo y protección?”

También se recibe una nueva carta-orden del marqués de las Hormazas, en otro tono bien distinto, pues la situación se ha complicado bastante y es inminente la llegada del Ejército imperial. En esta nueva carta-orden se solicita:

“Se remitan (…) á la Real Isla de León, todos los víveres, armas y demás efectos de que se pueden aprovecharse los enemigos; que se prevengan a los Salineros y á todos los Mozos y gente capaz de tomar las Armas, que se trasladen á aquella Isla; y que cuando acometa á este Pueblo el Enemigo, se le reciba con prudencia”.

Inevitablemente, la tarde del 7 de febrero de 1810, una patrulla de soldados imperiales entran, sin oposición alguna, en Chiclana. Y hallan a una villa sin apenas hombres en edad para luchar. Son recibidos con indiferencia sin grandes muestras de júbilo o alegrías. Un bando del Cabildo advertía a la población:

“A todos los habitantes de la Villa tengan las puertas de sus casas francas para admitir como deberán gustosamente en ella el alojamiento de las Tropas Francesas, como amigas y aliadas, sin causar la menor vexación facilitándoles los auxilios que sean correspondientes, evitando toda controversia que puedan pervertir el orden y la tranquilidad…”

La primera acta capitular que encontramos en el Archivo Histórico Municipal de Chiclana, después de la entrada de los franceses, es del día 8 de febrero. Ratificados los miembros del Cabildo, la primera orden de los ocupantes fue la petición de carne para avituallar al Ejército. Así, de esta manera, comenzaban las requisiones de bienes a los chiclaneros.

El 19 de febrero llega José Napoleón Ia Chiclana. El Cabildo, el clero y los vecinos pudientes le reciben a la entrada de la villa, en la alameda de Solano. Esa noche, en la casa de Josef Sibelo, recibe a las autoridades, que le rinden pleitesía, y al día siguiente parte de nuevo hacia El Puerto de Santa María.

Una de las primeras órdenes de los ocupantes es apremiante y estricta y es costumbre, hecha norma, en las guerras napoleónicas para evitar epidemias:

“Que cada vecino ó habitante de esta villa asee el frente de su casa, juntando la bazura en medio de la Calle, para que sea quitada por bestias, baxo la pena de un ducado por la primera vez, doble por la segunda y triple por la tercera … o quatro dias de carcel”.

Chiclana, con una población de 7.000 habitantes se ve de la noche a la mañana con la necesidad de alojar y atender a un ejército, en un principio, con cuatro regimientos de infantería de línea –el nº 27, el nº 63, el nº 94 y el 95– del Primer Cuerpo del Ejército del Medio en España, con un total de 6.391 soldados, comandados por el general Villatte. La villa se dividió, administrativamente, en cinco cuarteles. El alojamiento, por tanto, se hizo en las casas particulares de los chiclaneros, así como la alimentación y la manutención, tanto de hombres como a los animales. Fue un problema desde el primer día y no solo lo fue para los franceses sino también para los ocupados. El impacto económico-social fue tremendo.

Los primeros repartos de reses para carne, y forraje para los animales, determinados en carretas, y los préstamos forzosos de los vecinos pudientes provocan descontento entre los ciudadanos. Estos protestaron ante el Cabildo aduciendo que según ley impuesta por los ocupantes las primeras requisiciones les correspondía a los bienes de los vecinos o propietarios llamados “emigrados a la Isla o Cádiz”, aquellos que habían huido o refugiados en ambas ciudades. Ellos iban a ser los primeros en sufrir el secuestro de sus bienes y así continuarían durante toda la ocupación, a pesar de que los apoderados o representantes siempre exponían sus quejas ante la Municipalidad. Por ello, aunque se llevaron a cabo algunas de ellas, no fueron todas las que verdaderamente, les correspondían. Hemos de decir que de entre los miembros del Cabildo se halla, entre otros, el apoderado en la villa del conde del Pinar, Ramón González y por tanto velada, de una u otra forma, por el patrimonio del conde. No obstante, una de las primeras requisiciones fue una subasta para vender sus pinos y olivos.

Ante estos primeros repartimientos los vecinos pudientes, como hemos señalado, se quejaron ante la Municipalidad. Sin embargo, no tuvieron otra opción que entregar lo solicitado por las autoridades militares francesas. Y como en aquellas primeras semanas la dificultad de entendimiento verbal, pues de la otra se supone que hubo poca, se nombró a un nacional, Juan Francisco Peny, como traductor, y a algunos de los franceses no avecindados en la villa, a aquellos que se les permitió vivir en sus casas sin salir a la calle en los días previos a la ocupación. Ellos se ofrecieron a mediar y a servir de intérpretes ante los ocupantes.

Entretanto, los imperiales comienzan sus primeros desmanes contra la población. Tantos y tantos que no respetaban, ni a las autoridades civiles chiclaneras (que habían jurado el Estatuto de Bayona y eran considerados juramentados y otros, afrancesados). Ante ello el Cabildo dictaminó:

“Todos los que la componen usasen un distintivo que se resolvió fuese una banda encarnada al pecho del hombro derecho al lado izquierdo con el letrero bordado de seda negra que diga Municipal”.

La escasez de alimentos y sobre todo la del pan provocó un incremento de su precio. Esta cuestión será una constante a lo largo del período de ocupación. Al mismo tiempo, los franceses comienzan el registro exhaustivo de todas las bodegas de la población. Nada quedaba que no fuese codiciado por el invasor.

Los embargos también afectaron a la iglesia, en concreto a los bienes de la iglesia de San Telmo. Los padres agustinos fueron exclaustrados y sus bienes requisados. Mientras, en el campo de Chiclana, la mayoría de las cosechas se habían perdido. Unas por el abandono de los campos, pues los hombres se hallaban en la Isla y otras como consecuencia del pillaje de los imperiales que incluso se comerían hasta las uvas y por consiguiente, en ese año no habría vendimia. El propio Victor animó a la población a la recogida de la poca cosecha porque sabía que el próximo invierno sin ella sería nefasto para su ejército. Tras varias representaciones –escritos de la Municipalidad­– Victor toma la decisión de que cese la tala en el Pinar de Hierro.

Alimentar a un ejército de cerca de siete mil hombres no era asunto baladí. Para ello era necesario una gran cantidad de alimentos. El pan y la carne de vacuno eran imprescindibles. En junio se vuelve a repartir, entre los vecinos pudientes, la entrega al ejército francés de un buen número de reses. Durante el verano, la Municipalidad, por orden expresa de la Prefectura de Jerez, mandó formar la Milicia Cívica que tendrá como capitán a un hijo del regidor, José María Gómez, y que como veremos más adelante, nunca acabará por formarse como cuerpo de seguridad local.

A Cádiz y la Isla han llegado las noticias de los embargos a los emigrados. Muchos de ellos justifican su ausencia de la villa, y otros como el conde del Parque, Antonio Pisano, la marquesa de Montecorto o la casa de Rabasquiero que sin ser todos ellos vecinos, se le consideraban emigrados…

Los meses transcurrían mientras que la villa se debatía entre la humillación y la pronta miseria a la que se vería abocada. En este período, julio de 1810, el general Cassange emite una orden de registro y requisición de bienes del convento de las Madres Agustinas Recoletas en busca del oro, la plata, obras de artes y muebles, de los posibles vecinos pudientes que la hubiesen escondido en él. Abiertas las puertas y viendo el ayudante del comandante de la plaza la total disposición por parte de la madre priora y las demás monjas, tras una rápida observación se decidió suspender el registro. ¿Existían en realidad los objetos codiciados en el convento? Tal vez, o tal vez no, pero a pesar de ello no pudieron dar con el botín esperado.

Un número indeterminado de hombres que habían quedado en la villa se “echan al monte” y forman las primeras partidas de guerrilleros “brigans” –bandidos– como le llaman los franceses. Tal es el acoso a las patrullas imperiales que una orden desde la Prefectura de Jerez manda que la Municipalidad contribuya a su destrucción con la ayuda de la fuerza militar francesa.

El día 15 de agosto, se celebraba el cuadragésimo primer cumpleaños del emperador. Los munícipes, a pesar de estar expresamente invitados, presentaron sus excusas y no acudieron a la solemne misa ni al banquete. Unos días antes llegó a la Municipalidad, una orden del duque de Belluno a través de la prefectura jerezana que, como algo especial, le participaba que se entregaría una dote de ocho mil reales a una doncella casadera la villa de reconocida virtud y buena familia y del mozo que se le destine como esposo. Y así fue como cayó, tan importante regalo, en la mocita Beatriz Saucedo Tocino que casaría con Tomas Hariza García. Aún hoy, en nuestra ciudad, sigue muy presente su estirpe.

A la escasez de alimentos se unían nuevos arbitrios municipales que gravaron los aguardientes y licores. No solo la hambruna era ya visible, sino que la carestía de vida era insoportable y, más aún lo sería. A esto respondieron los vecinos con varios memoriales. En ellos solicitaban la disminución de los impuestos o exoneración a los vecinos más empobrecidos. También la precariedad de las arcas municipales y la exigencia de las autoridades franceses llevó a la Municipalidad a la determinación de subastar la dehesa de la Nava para su arrendameinto o su venta a principios de verano.

Se acercaba la época de las calores y en una población superpoblada como lo era la villa de Chiclana, estos podían provocar fácilmente una epidemia; epidemia que tendría consecuencias fatales para chiclaneros y galos, al tiempo que podía peligrar el asedio a las islas gaditanas. Por ello, las autoridades militares insistieron en la limpieza diaria de las casas. Así, en el acta capitular del 8 de agosto, el comisario de policía, Pedro Tanto, presentaba un memorial relativo a las ordenes recibidas de los jefe militares sobre el aseo y limpieza de las casas y calles. Todavía en octubre se temía por una epidemia de peste amarilla y por ello se dictaron nuevas normas.

La guerrilla, mientras tanto, continuaba hostigando a las patrullas francesas hasta tal punto que desde Jerez se envió una carta-orden para que en un bando la Municipalidad diese a conocer a la población las medidas de indulto de todos aquellos que regresaran a sus casas dispuestos a vivir en paz.

Desde hacía unos meses, el corregidor se hallaba enfermo y no asistía a las sesiones de cabildo. Por ello, en agosto, tomaba posesión, de manera interina, como corregidor y presidente de la Municipalidad, un conocido afrancesado: Juan Bautista Hernández. A tan solo dos leguas de distancias, en la Isla de León, el 24 de septiembre tenía lugar la solemne apertura de las Cortes extraordinarias y la jura de los 102 diputado presentes.

Llegado el otoño, en octubre, un memorial de varios vecinos campesinos manifestaban la dificultad de la próxima sementara pues no les quedaban simientes y la tropa les habían matado hasta los bueyes de labor y por tanto solicitaba el amparo de la Muncipalidad para evitar tales desórdenes en el campo.

En otro orden cosas, hay que decir que la normalidad militar se vio alterada cuando el 26 de octubre muere, ante la batería Villatte, el general de artillería Senarmont y dos oficiales artilleros que le acompañaban. Sus exequias y entierro fueron y han sido, sin lugar a dudas, el más significativo e importante que ha tenido lugar hasta el día de la fecha en Chiclana. Fue enterrado en la ermita de Santa Ana, cuartel de artillería entonces.

En la tarde del 5 de noviembre el mariscal Soult, duque de Dalmacia, llegaba a Chiclana. Al día siguiente una representación municipal acudía a presentar sus respetos ante tan importante persona. Antes de partir dejó una orden impresa en la que mandaba arrrasar tapias, muros y vallas, casa y cortijos donde pudiesen refugirse los brigans.

Las quejas de los vecinos por las altas contribuciones llegaban a Cabildo el 19 de noviembre, así como el aumento del precio del pan. Y en diciembre volvía la Municipalidad a exponer al comandante:

“La pobreza e infeliz situacion a que ha quedado reducida por la existencia del Quartel general del Exército, en ella, tan dilatado tiempo y penurias que ha ocasionado a su no feliz vecindario, debía tener consideracion”.

Así iba finalizando aquel año de 1810, y como escribiría años después nuestro poeta: “…Y así fue, que sobre ella / cayó enemiga mano desoladora…”

Una ciudad bajo las aguas (y II)

La riada de 1965

Cincuenta años más tarde, cuando la transformación social y económica de Chiclana ha sido portentosa y, a pesar que el horizonte gris de la crisis económica nubla el cielo de Chiclana, desde la delegación de Cultura de nuestro Ayuntamiento se ha querido rendir homenaje a aquel pueblo de Chiclana, a todas aquellas personas que tanto sufrieron la riada, y al mismo tiempo, recordar la fecha de la efemérides. Para ello se ha creado una Comisión Asesora con el encargo de realizar una programación de actividades socio-culturales en torno a la riada. Entre ellas esta exposición, El río de la memoria: 50 años de la riada. Su objetivo primordial es, que el público tenga una visión histórica de lo que sucedió, al margen de esa otra simbólica y personal, la de cada visitante en particular. Es una muestra evocativa –pero sin extraños conjuros– y por tanto emotiva, que tiende o pretende estimular emociones y recuerdos; añoranza para otros, de un tiempo y de una Chiclana que se fue con la riada. Porque la riada del sesenta y cinco forma parte de la memoria colectiva de sus habitantes, sobretodo, de aquellos que han pervivido estos cincuenta años con el recuerdo de aquel lejano drama padecido.

Un recorrido por las dos salas que la componen, muestran al público más de doscientas piezas diferentes entre fotografías, documentos y otros objetos relacionados con la riada. Con ello hemos pretendido mostrar algunos aspectos, concretos si caben, de lo que fue la catástrofe. La exposición se inicia con tres grandes fotos aéreas de Chiclana de 1963 –de Paisajes Españoles– en la que se pueden apreciar con gran nitidez y calidad fotográfica la Chiclana urbana de la época. Junto al título de la exposición, la primera página del Diario de Cádiz un día después de la riada y a continuación un plano general de Chiclana, de marzo de 1965.

Sobre las paredes de ambas salas, y de manera temática, hemos presentado una nueva visión fotográfica de la riada con el importante reportaje de Juman –Juan Martinez Neto– que existe en el Archivo Histórico Municipal, al que hemos añadido otras fotos, la mayoría inéditas, de fotógrafos locales como Juan Barberá Baro, Juan Martínez González, José Chaves, Agustín Carmona. A todas ellas se suman las aparecidas en la revista AMA y Cádiz Gráfico y otras muchas del archivo personal de los chiclaneros que gentilmente han cedido ese extraordinario material para esta exposición. También se unen a estas, al final del recorrido, una colección de seis retratos de Pedro Leal, de otros tantos protagonistas, en un antes y después.

En las vitrinas se han expuestos diferentes objetos relacionados con la vida cotidiana que nos evocan aquel tiempo de nuestra historia, muchos de ellos cargados de símbolos, y que son a la vez documentos históricos. Junto a estos, otros seleccionados documentos –en papel– que se custodian en nuestro Archivo Histórico Municipal, tan interesantes como dignos de la Smithsonian o cualquier museo nacional. Son documentos, cartas y oficios que al margen de su historicidad cumple con la función cultural de dar sentido, dar significado simbólico de un tiempo y de una sociedad como la chiclanera del sesenta y cinco.

En la primera de ellas, como una bienvenida, vamos a encontrar el reloj de el bar “El 22”, cargado de tiempo y de mármol, de saetas estáticas que señalan la hora más comprometida del día en el propio bar, las fotos gastadas de tantas veces como se han enseñado, y algunas botellas que sobrevivieron a las aguas. Contiguo a ellas, tres documentos periodísticos: la crónica del Diario de Cádiz del día siguiente a la inundación, una reseña del periódico El Alcázar y un extenso reportaje de la revista AMA. En la segunda vitrina hallaremos una colección de botones salvados del agua y restos de encajes de la mercería de Canito. En su parte posterior destacamos como sobresaliente, un documento relativo al expediente del salvamento de los niños del comedor social; la Cruz de Beneficencia concedida a Victoria Baro Sánchez y dos fotos de ella: una el día de la imposición de la cruz y otra junto a los niños, unos días después de la inundación.

Y ¿quién no conoce y sabe de la veterana tabla de madera, simple y sencilla, que durante más de cuarenta y ocho años guarda de las aguas la zapatería de Eloy, la de los hermanos Aragón? Pues aquí está, junto a un par de zapatos testigos de la riada, señera y destacada, vigilante y protectora tanto ella como sus dueños de su negocio familiar.

En esta misma sala presentamos una magnífica película en 8 milímetros de Juan Barberá en la que no solo grabó la inundación de 1962, antesala de la que vendría, sino retazos deportivos de la Chiclana de aquellos años y escenas de su vida cotidiana. Un interesante documento testimonial de la época; de aquellos felices sesenta. En la última vitrina de la primera sala, se enseña las cartas de condolencia y apoyo que el ayuntamiento chiclanero recibió de distintos ayuntamientos de España, destacando la carta-aerograma del padre Pedro Tung, desde Formosa. También diversos telegramas, uno de ellos del propio ministro de Marina, Nieto Antúnez.

Al fondo de la sala, el documental que hemos editado para la exposición; un claro ejemplo etnográfico en el que se muestran veinticinco personas que nos narran y relatan, en diversos fragmentos, sus propias experiencias y evocan en sus mentes la realidad de aquel día. Son aquellos que vivieron cerca del peligro, que pasaron por instantes complicados o que fueron capaces de auxiliar, atender… echar una mano al desvalido, a aquellos que necesitaban ayuda, porque no podemos olvidar el ejemplo de solidaridad que aquella tarde, y en días sucesivos, el pueblo de Chiclana, la gente de Chiclana, fue capaz de demostrar ofreciendo su cara más humana, la de un pueblo unido en la desgracia pero arropada por el consuelo y la ayuda de sus vecinos. Ellos son una muestra representativa y significativa de los chiclaneros y chiclaneras testigos del desastre. Ellos son la cara afectiva de la riada, sin filtro para las emociones, donde a veces se les quiebran, de contenida emoción, sus voces.

No podía faltar el homenaje a quienes nos ayudaron en el rescate y evacuación de las personas atrapadas en distintos lugares de la ciudad. Como representante de todos ellos hemos podido contar con una curiosa colección de herramientas y materiales del Parque de Bomberos de Cádiz y Chiclana. De éste último, restaurada y auténtica pieza de museo, una motobomba que en aquel día realizó maniobras de desagüe.

En la segunda sala, un óleo pintado por J. López G. en 1900 en el que se plasman las márgenes del río, el antiguo teatro –siempre existió un teatro en el lugar– y el Puente Grande –icono de la ciudad en el siglo XIX–. También nos enseña una Alameda del río, protagonista indiscutible de lo ocurrido. En la primera vitrina nos encontramos con dos proyectos relativos al río Iro que se hallan en nuestro Archivo Histórico Municipal: uno, de 1840, es el expediente para la subasta de las obras de relleno, y otro de 1876, sobre las obras necesarias para construir la parte del Puente Chico de madera arruinado e irreparable. El puente, aquel Puente Chico inolvidable, es la gran pérdida de los que no perdieron nada personal o familiar; el puente como símbolo de un pueblo que fue. A primera vista hemos expuesto su planimetría, de 1926, donde se puede observar, si se mira con detenimiento, no solo el fino y detallado trazado de las líneas del experto delineante, sino las diferentes cotas de altura de las aguas en bajamar y pleamar y una referencia a la inundación de 1902, que también tuvo que ser importante. Junto a ésta se ha añadido, después de la inundación del sesenta y cinco, una nueva, señalando la altura que alcanzaron las aguas –que según esta marca– sobrepasó completamente al puente. A continuación, al lado, cuatro fotografías de varios instantes de su construcción. Inmediato a estos planos del puente están los del kiosco de la música, pues kiosco y puente formaban parte del proyecto y ambos fueron víctima propiciatoria de las aguas. Al kiosco le sucede todo lo contrario que al puente, pocos se acuerdan de él. Tanto fue así que con la reconstrucción de los dos puentes se olvidaron del elemento más coqueto, más lúdico, el de mayor y más popular ámbito, necesario para un pueblo que tendría que alzar la vista nuevamente al horizonte, sin fango y sin lágrimas, y volver a sonreír.

Esta primera vitrina contiene, además diversos documentos, cartas, oficios y fotos; una pequeña colección de postales del siglo XIX cedida por varios coleccionistas, entre ellas la inundación de 1902, y un banderín de los años sesenta con una vista del río. En la siguiente, la segunda, podemos observar documentos relativos a las medidas higiénicos-sanitarias y a la vacunación antitífica, así como una jeringa con su caja esterilizadora, un bote de cristal para el alcohol –de aquella época– y una bombona para el uso de algodón hidroxilo. Frente a ella, un cartel de toros de la corrida en pro de los damnificados de la riada que se celebró en la extinta plaza de toros de Cádiz. Cercano a él, una foto del diestro local, Emilio Oliva junto al alcalde y al gobernador civil de la provincia entregando el cheque con la cantidad recaudada. En la última vitrina hallaremos diversos documentos municipales alusivos a los daños provocados a particulares, la entrega de enseres, un cofre de madera rescatado del fango de un hogar siniestrado, una libreta de horas extras del Banco Español y otros varios documentos. Finalmente se exponen, a ambos lados de la pared, los seis grandes retratos que con anterioridad hemos señalado; a su lado de cada uno de ellos, las fotos de los mismos protagonistas, cincuenta años antes. Y en formato digital, sobre pantalla, en constante bucle, se reproducen todas las fotos conocidas de aquellos inolvidables días de octubre.

Así, con todos estos elementos expositivos hemos querido que cuando el visitante finalice el recorrido por la exposición, se sienta partícipe de ella, no solo como mero espectador u observador sino como un elemento expositivo más, de primer orden, como formando parte de alguna manera, ya simbólica o real, de lo que sucedió aquel día 19 de octubre de 1965 en una ciudad sumergida por las aguas.

Publicado en el catálogo de la exposición: El río de la memoria: 50 años de la riada. Ayuntamiento de Chiclana de la Frontera, 2015.

Una ciudad bajo las aguas (I)

La riada de 1965

Qué poco acertado estuvo el norteamericano Keith Clark cuando escribió al pasar por Chiclana, en 1913, estas palabras: “…cruzamos el Lirio, que pudo alguna vez haber sido un río”. No sabía el bueno de Clark que el Iro dormitaba como un ser mitológico y esperaba, agazapado, la ocasión para renacer; surgir impetuoso en momentos oportunos de la Historia y convertir a la ciudad, en una ciudad sumergida en las aguas. Desconocía que era un río mareable, que había sido navegable y gracias a él fenicios, cartagineses y romanos se asentaron sobre la zona más alta del territorio. No sabía que, unos años después, el río, que tenía memoria y título de tal, se desbordaría a su paso por la ciudad. Era junio de 1930 cuando, unos días antes de la Feria y Fiestas de San Antonio, se inundaron varias calles del centro, la plaza de abastos, algunos paseos y destrozada una gran parte de la muralla del río Iro –en su margen izquierda– próxima al puente de Isabel II: el Puente Grande. Sin embargo, el recién construido Puente Chico desafió la gran avenida de agua de lluvia permaneciendo incólume ante ella. La riada fue tan grande, de tan gran calado, que el Ayuntamiento solicitó auxilio y ayuda inmediata a la Capitanía General del Departamento de San Fernando, que no tardó en servir efectivos y materiales a la ciudad anegada, prestando, inmediatamente, sus servicios a los afectados y evitando posibles desgracias personales.

Treinta y cinco años después, el 19 de octubre de 1965, el río Iro nuevamente se desbordaba por el mismo lugar provocando la mayor inundación conocida hasta entonces en la ciudad; la mayor catástrofe natural del siglo XX. Todo ocurrió tan pronto, tan deprisa, que nadie pensó en la cantidad ni en la fuerza que traían aquellas aguas. Solo unos años antes, en diciembre de 1962, el río ya había anunciado sobre la precariedad de su estrecho y sucio cauce, y del único e insuficiente ojo del Puente Grande. Fue un aviso precursor, anticipativo, del cataclismo que habría de venir. Y vino, iremediablemente, en aquel mes de octubre, porque el agua llegó como nunca antes había venido: sorpresiva, abundante, invasora.

Todos los que vivieron la riada y tenían uso de razón por entonces, coinciden al recordar que aquel día no llovió exageradamente en la ciudad; y es cierto, solo se recogieron algo más de veinte metros por metro cuadrado. Sin embargo, nadie cayó, intuyó, pensó lo que había llovido en la comarca, en la zona de Medina. Los cuatro afluentes que nutren al río Iro venían rebosantes y cargados de cuantos materiales encontraban en sus cauces secos; el verano había sido largo y el comienzo del otoño, con temperaturas suaves o altas a nivel del suelo para la época, no había sido pródigo en lluvias. Pudo haber seguido siendo el río de otros otoños, de otros inviernos lluviosos, pero se desbordó de manera inusual pasado ya el mediodía y se fue convirtiendo en un mar.

La ciudad, en plena actividad comercial, vivía en su rutina diaria, casi sin saber que en menos de dos horas sería invadida por las aguas que la tendría secuestrada cerca de ocho. En ese transcurrir, durante esas horas, sucedió todo. El agua llegó en forma de tromba, con un sonido desconsiderado, rompiendo con fuerza. La barriada de El Pilar fue la primera en sufrir el embate, la estampida feroz de las aguas. A muchas mujeres les cogió preparando la comida del mediodía, mientras otras volvían de la plaza de abastos… Una gran inquietud se apoderó de ellas: los niños más pequeños y los ancianos estaban en casa y temían por ellos y por sus hogares. No obstante, la robustez de la barriada y la rápida acción de los vecinos evitó la tragedia. Uno a uno fueron subiendo a las azoteas y refugiadas allí serían rescatadas, en barca, por José Barberá y el guardia civil Manuel Pérez, entre otros. Sin embargo, es preciso recordar que todavía existían por la zona chozas y caserones. Los más bajos, los próximos a la carretera, fueron arrastrados por la corriente, así como sus enseres y animales domésticos, sobre todo cerdos, que se engordaban en un agujero de tierra junto a la infravivienda.

No pararon ahí las aguas, pues siguieron como enloquecidas en busca del cauce natural del río, hacia el meandro más pronunciado, el más próximo al Puente Grande. Pero el puente, aunque mayestático, ya había comenzado a dar síntomas de atascamiento en su único ojo, por la enorme cantidad de restos de todo tipo que venía arrastrando el río desde varios kilómetros atrás. Así, al provocarse la retención, un verdadero tapón, las aguas rebosaron por sus dos orillas: una, la de la parte de El Lugar, tomó dirección hacia las huertas más inmediatas de la zona del antiguo cementerio y hacia la calle de la Plata bajando en dirección a la calle Huerta Chica –antes Sagasta– y en la otra orilla, la de la Banda, arrastrando chozas y paretillas hasta alcanzar las casas próximas a la Fuente Vieja afectando severamente a la Escalereta y a la muralla de contención de la calle Carmen Picazo. De esta manera, ambas orillas se vieron comprometidas seriamente, así como las calles de la Huerta Chica, Plaza de España, Marqués de los Castillejos, Paseo de José Antonio, La Vega, Magistral Cabrera, Nuestra Señora de los Remedios, Constitución –antes General Franco– Joaquín Santos, Mendaro y Retortillo, todas ellas en El Lugar. Entretanto, en la otra ribera –en La Banda– el agua corría con fuerza hacia las calles Carmen Picazo y Paciano del Barco destrozando el Campo Municipal de Fútbol e inundando en su totalidad la Barriada de El Carmen. En su camino hasta su primitivo cauce desbordó las salinas de los alrededores y a la altura del Buey, uno de los meandros más cerrados que tenía el río, se produjo un nuevo atasco de materiales que impedirían más tarde, el desagüe natural.

Volviendo al Lugar, tenemos que decir que las aguas llegaron a inundar todas las casas bajas de las más importantes calles del centro histórico: del Iro, Fraile, Padre Caro, Nuestra Señora de los Remedios, Arroyuelo –antes Rivero– Cádiz, Concepción, Caraza y toda la zona de las Albinas incluidas las bodegas y pequeñas industrias, carpinterías, talleres y la Fábrica de Muñecas. Desde las zonas más altas, ríos de agua callejeros corrían en dirección al centro. El ímpetu de la corriente arrancó piedras del adoquinado de la calle Hormaza –antes San Juan Bautista de La Salle– y se fue acumulando frente a la iglesia de Jesús Nazareno.

La noticia tuvo que llegar pronto a Cádiz y San Fernando, porque las acciones de salvamento se iniciaron a plena luz del día y dio tiempo suficiente para que llegasen los helicópteros de la Base de Rota, los anfibios de la Marina, los camiones y jeeps del Ejército, el camión de los bomberos de Cádiz –el Denni– y la Policia Armada. Todos se desplazaron con la rapidez que daba el momento y así comenzaron las tareas de auxilios y el rescate de los vecinos alojados en los tejados y lugares más peligrosos.

A medida que avanzaba el día y el nivel del agua subía los vecinos, alertados, fueron tomando los mejores lugares para evitar la inundación. Nunca se pensó que sería tan grande. Primero, lo primero; los colchones, la ropa: todo en alto. ¿Pero hasta que punto, hasta qué lugar? Muchos vecinos ya estaban habituados a las inundaciones y los más previsores tenían su propio dispositivo para salvar lo importante. Sin embargo, esta vez todo cuanto hiciesen iba a resultar inútil. A partir de ahí, se trataba de salvar la vida; de no ser arrastrado por la fuerte corriente. Así, unas manos ayudaron a otras… primero los niños, después los mayores: todos a la azotea más próxima, a la más alta.

Los guardias municipales y la Guardia Civil acudían donde podían para poner a salvo a los más rezagados; en el mismo cuartel de la calle Rivero también entró el agua. En un momento dado, tres guardias civiles se arrojaron a las aguas para rescatar a una familia de una muerte segura. Mientras tanto, en la calle de la Plaza, la tragedia estaba a punto de aparecer: los niños del comedor de Auxilio Social se vieron atrapados en el local. Se dio aviso a los municipales para que viniesen al rescate. Uno de ellos, junto con Cristóbal Vela –conductor del camión de José Antonio González– acudió a la puerta del comedor donde les esperaba Victoria Baro y Leonor, la cocinera, con los niños. Si difícil fue montarlos en el camión, más lo fue, y peligroso, subirlos hasta el balcón de la casa de los Cañizares, en el número tres de la calle, y de allí la mitad de ellos a la de Luis Barberá. No parecían suficientes las cuerdas ni la escalera, pues el camión se deslizaba de un lado a otro movido por la turbulencia de las aguas que lo arrastraba hacia el final de la calle de La Plaza. Más de tres horas estuvieron los niños encima de la batea: empapados de agua, con frío y miedo. Los padres agustinos desde un balcón les dieron la extremaunción pensando en que se podía producir una gran tragedia. Uno de los padres, el padre Francisco, intentó en varias ocasiones, de manera infructuosa, tirarse al agua y acudir a los párvulos, pero le fue imposible. Solo el arrojo de Victoria Baro junto a las maniobras que tuvieron que hacer los dos vecinos, Manuel Cañizares y su esposa, salvaron a los niños indefensos de morir ahogados.

Caía la tarde y con ella bajaba el nivel de las aguas: el peligro había pasado. Al filo de las ocho finalizaron los trabajos de evacuación y salvamento; la ciudad era una ciudad muerta. Sin embargo, nadie falleció, ni hubo graves accidentes. Solo unos días más tarde fallecía en el Hospital de Mora de Cádiz, un neonato de nueve meses víctima de una enfermedad respiratoria aguda, al permanecer cerca del agua durante algún tiempo, mientras subía el agua. Bajo la noche, la inmensa noche oscura de octubre, los rostros permanecieron grises, quietos, pálidos de miedo en una invisible calma esperando, con frío, la llegada del nuevo día. Los camiones del Ejército y de la Armada mantuvieron durante toda la noche sus faros encendidos dando luz a las penumbrosas calles de la ciudad, al tiempo que la Guardia Civil velaba por la seguridad en distintos puntos de la localidad. Los panaderos también trabajaron toda la noche para que al día siguiente no les faltase el pan a los vecinos. La panadería de Butrón, una de las más afectadas, después de un intenso y laborioso trabajo de limpieza, abría sus puertas como cada mañana.

Cuando amaneció el día, la ciudad presentaba una terrible imagen desoladora: barro y fango en muchas casas, en las calles afectadas, en comercios e industrias y pérdidas de bienes en el campo. En la alameda los daños eran visibles y afectaron a tres iconos; tres símbolos de aquella época: el Puente Chico, el kiosco de la música y el teatro García Gutiérrez. Ninguno de los tres ya existen. Sin embargo, también era el día de comenzar la recuperación: ¡Chiclana, día cero! Era el día de la resignación, pero sin sucumbir a ella, sin rendirse. Así, al “empuje de sus brazos”, como dice una de las estrofas del Himno a Chiclana, se fue retornando a la vida; a sus hogares; a sus trabajos diarios y a sus negocios. Nadie mejor que ellos conocen esta historia.

Algo semejante debe decirse del Ayuntamiento. El alcalde, don Tomás Collantes Ceballos, al frente de la Corporación Municipal, vivió días enteros sin salir del edificio municipal para atender, al instante, cualquier demanda o petición de ayuda mientras se gestionaban otras en distintas administraciones del Estado. No cabe duda del esfuerzo y del tesón en que se llevaron las gestiones, pues tres años más tarde, entre los restos aún visibles de la tragedia, la ciudad emergía con fuerza buscando la prosperidad arrebatada. Y a fe que la encontró.

(Continuará)

Publicado en el catálogo de la exposición: El río de la memoria: 50 años de la riada. Ayuntamiento de Chiclana de la Frontera, noviembre de 2015.

Crónica de la riada de 1965 en Chiclana de la Frontera (y VIII)

EPÍLOGO

En los años siguientes se terminarían de construir los llamados grupos de viviendas de Santa Ana y Fuenteamarga; el puente pasarela y el nuevo puente, bautizado con el nombre de Nuestra Señora de los Remedios, patrona de Chiclana, se inauguraba el 29 de octubre de 1969. ¿Y los héroes? A Victoria Baro se le otorgó el ingreso en la Orden Civil de Beneficencia. A los componentes de la escuadrilla de helicópteros de la Base de Rota que participaron tan valerosa y arriesgadamente en el salvamento, les fueron concedidas la Cruz del Mérito Naval. Desconocemos qué ocurrió con las condecoraciones de los guardias civiles, Eduardo de la Torre Prieto, Antonio Pérez Ocaña y Antonio Vazquez Garrido. A Luis Barberá Campano y a Manuel Cañizares Michelena, así como a José Barberá Gallardo y al Guardia Civil Manuel Pérez Contreras, el Ayuntamiento les agradeció y reconoció cuanto hicieron aquel 19 de octubre por sus convecinos. Y otros muchos valientes que de forma anónima, como bien hemos señalado al comienzo de esta crónica, pusieron lo mejor de ellos mismos para ayudar al prójimo; el pueblo, la gente común y corriente de Chiclana, les ha agradecido siempre, aquellos gestos, aquellas acciones.

Crónica de la riada de 1965 en Chiclana de la Frontera (VII)

UN AÑO DESPUÉS

 Había pasado justo un año de la riada e inundación y la ciudad seguía, en su pulso diario, recobrando parte de la vida social y económica anterior al desastre. Tras la urgente ayuda a los damnificados en los primeros días de noviembre para prendas de vestido y otros efectos personales, los que perdieron sus ajuares y enseres domésticos recibieron ayudas[i] para su reposición, mientras otra parte estaba a la espera de un nuevo reparto de enseres, desde el gobierno civil, con las últimas subvenciones[ii] entregadas en el ayuntamiento; los propietarios de fincas afectadas pudieron reparar los daños en sus viviendas; otros hubieron de esperar a la construcción de nuevas viviendas. Los proyectos de pavimentación y composición de calles e instalaciones municipales[iii] estaban finalizados o en su fase final. Las obras más importantes, como la construcción del puente pasarela y el nuevo puente sobre el Iro[iv], se encontraban en pleno proceso de erificación. Igualmente se habían acometido las obras de reconstrucción de defensas y encauzamiento del río; también se realizaron reparaciones en edificios escolares afectados; el campo de fútbol municipal, se reconstruyó con la ayuda de la Delegación Nacional de Educación Física y Deportes; se reparó la carretera nacional 340 y el puente Ave María, en la carretera a Medina Sidonia.

El 19 de octubre de 1966, en sesión plenaria extraordinaria, el alcalde de la ciudad Tomás Collantes Ceballos, dirigiéndose a la Corporación Municipal relataba, en una pormenorizada exposición, cuanto se había hecho durante todo un año. Al margen de cuanto hemos señalado anteriormente en este capítulo, sobre las obras de rehabilitación y las nuevas construcciones, dio cuenta de los créditos a industriales, comerciantes[v] y a agricultores[vi]; al tiempo que se contratulaba de la rápida respuesta del Consorcio Nacional de Seguros, que indemnizó a todos aquellos propietarios danmificados que tenían suscriptas pólizas contraincendios; las indemnizaciones de los colegios profesionales[vii]; la ayuda económica de las mutualidades laborales[viii] y las del sindicato provincial de la vid.

Concluía se exposición, no sin antes agradecer a personas e instituciones, tanto estatales como provinciales y locales, su generosa ayuda. Y de manera especial al ministro de Hacienda, Juan José Espinosa Sanmartín “el cariñoso recuerdo de la Corporación Municipal, al cumplirse un año de la grave inundación padecida por esta Ciudad el pasado año, en prueba de reconocimiento por la ayuda moral y material”[ix].

Incardinado con otros proyectos de reconstrucción, se encontraba plena fase de ejecución el funcionamiento del servicio municipal de abastecimiento domiciliario de agua potable[x], que en meses anteriores se había solicitado a la Dirección General de Obras Hidráulicas[xi], incluida La Barrosa, entonces en sus inicios como zona turística residencial. Mientras, continuaban la ejecución de obras de pavimentación y saneamiento en calles tan céntricas como la Plaza de España, San José y Argüelles y su travesía, así como otras: Calvario, San Cayetano o Paciano del Barco que ya “no admite demora, de los daños producidos por la catastrófica inundación”[xii].

El Ayuntamiento, con cargo al presupuesto ordinario, adquirió una moto-bomba para el servicio de contraincendios y para la limpieza de las redes de agua y saneamiento, desecación de depósitos nocivos, limpieza viaria y trabajos de bombeo. Asímismo, adquirió un segundo camión para el servicio de limpieza viaria y recogida domiciliaria de basuras; la construcción de un local idóneo para alojar este material y la compra de una parcela. Finalmente se contrató con el Instituto de Biologia y Sueroterapia la desratización de la ciudad, precisamente, durante aquellos días se estaba llevando a término.

Notas:

[i] AHMCh. Legajo nº 63. AA.CC. Sesión extraordinaria de 19 de octubre de 1966. La suscripción del Gobierno Civil, de ámbito provincial, alcanzó la cifra de 1.500.000 pesetas. Y el importe de la recaudación del festival taurino, libre de gastos, fue de 407.000 pesetas.

[ii] AHMCh. Legajo nº 63. AA.CC. La subvención de 250.000 pesetas concedida por el Ministerio de la Gobernación se repartiría a primeros de noviembre.

[iii] Su cifra fue de 10.762.543,85 pesetas.

[iv] El coste presupuestado era de 35.000 milllones de pesetas.

[v] Aunque los daños fueron de 55.000.000 de pesetas, los créditos del Banco Crédito Industrial cubrieron a “unos 97” industriales un préstamo de hasta 33.755.152,60 pesetas, al 5% integrables en 8 años. Y a los comerciantes, “unos 200”, cuyos daños alcanzaron la cifra de 35.000.000 de pesetas, les fueron concedidos 23.934.225,66 pesetas, al 5% integrables en 5 años.

[vi] A más de 200 agricultores se les concedió un préstamo de la Caja de Ahorros de Cádiz por un importe de 26.000.000 pesetas acordado por el gobierno a propuesta del ministro de Hacienda y con la intervención del Instituto a Largo y Medio plazo, mediante aval de la Diputación Provincial ha concedido por el concepto de daños en cosechas a 33 agricultores, préstamos de 2.420.364 pesetas a 3,75% interés anual a reintegrar en 5 años. Del mismo modo y a través de los mismos organismos se concedió, en concepto de daños a instalaciones, a 64 agricultores, préstamos por 13.313.940 pesetas a igual interés y plazo de amortización. El Pósito Municipal Agrícola concedió crédito extraordinario facilitado por el servicio Central de Pósito del Ministerio de Agricultura, préstamo a 49 modestos agricultores, por una cuantía de 6.00.000 pesetas amortizables en 4 años y al 5% de interés anual.

[vii] Colegio Médico, Colegio Farmacéutico, Servicio Español de Magisterio…

[viii] Mutualidad Nacional de Previsión de los Funcionarios de la Administración Local.

[ix] AHMCh. Legajo nº 63. AA.CC. Sesión ordinaria de 28 de octubre de 1966.

[x] AHMCh. Legajo nº 63. AA.CC. Sesión ordinaria de 21 de noviembre de 1966.

[xi] El 8 de marzo de 1965 un acuerdo adoptado por el Pleno es enviado al secretario de la Comisión Provincial de Servicios Técnicos para que éste la diriga al Director General de Obras Hidráulicas. Se trataba de la solicitud para el abastecimiento de agua potable a la ciudad. Hasta el 29 de septiembre no se recibe contestación, tras un escrito del 15 de mayo del ayuntamiento chiclanero, de la Confederación Hidrográfica del Gualdaquivir. Ésta había informado a la Dirección General. Dice así en su punto primero: “ El abastecimiento de agua Chiclana de la Frontera es uno de los comprendidos en el plan general de la Zona Gaditana, estando actualmente en ejecución el tramo de conducción correspondiente como parte del Ramal Sur que ha de abastecer también a Conil, Vejer de la Frontera y Barbate de Franco”. En el cuarto y último finalizaba diciendo: “En consecuencia, estimamos puede constestarse al escrito del citado Ayuntamiento en el sentido de afirmarle tiene ya en cuenta las posibles necesidades de agua del poblado en construcción de la Barrosa, habiendo sido redactado un primer trabajo sobre la futura ampliación de todo el Abastecimiento de la Zona Gaditana y estando en estudio el Anteproyecto general de aquellas obras. Por lo mismo, no parece necesario conceder ninguna dotación específica a aquel núcleo turístico, como tampoco se ha hecho para las demas poblaciones y centros ya abastecidos en el Plan. (Sesión Ordinaria del 29 de octubre de 1965, punto tercero).

[xii] AHMCh. Legajo nº 63. AA.CC. Sesión ordinaria del 30 de diciembre de 1966.

Crónica de la riada de 1965 en Chiclana de la Frontera (VI)

PETICIÓN DE HONORES Y DISTINCIONES

El 3 de mayo de 1966, desde la alcaldía, se procede a la recopilación testimonial de toda información relativa al “extraordinario comportamiento” de Victoria Baro Sánchez en el día 19 de octubre por la evacuación y salvamento de 50 niños que se hallaba en el comedor infantil de Auxilio Social. Por ello y, por considerarlo de justicia, solicitaban se le concediese el ingreso en la Orden Civil de Beneficencia “como distinción a la que sobradamente se ha hecho acreedora” de tales méritos.

Los primeros en contestar fueron los padres Agustinos Recoletos. Responde a la petición de la información requerida, el superior de los Agustinos Recoletos, padre José Iguzquiza:

Fuimos testigos oculares de cómo un Guardia Urbano y el chófer del camión con gran riesgo de su vida, acudieron al auxilio de los niños y mujeres del comedor y gracias a las cuerdas que arrojaban de un balcón Dn. Luis Barberá y Dn. Manuel Cañizares, pusieron a salvo uno a uno a todos los niños del Comedor y a continuación también a cada una de las dos señoras que estaban con los niños: la Srta. Vicotria Baro Sánchez y su compañera. Gracias a la colaboración de los citados señores se hizo posible, afortunadamente, el que los niños del comedor y las dos señoras que lo administran se lograran poner a salvo.

El testimonio lo rubricaban los padres José Iguzquiza, Francisco Piérola, Javier Merino, José Equisoain y Germán Martínez. En una nota suelta relativa al mismo expediente hallamos una relación de nombres de otros testigos oculares de la actuación de Victoria Baro. Todos ellos son vecinos de la calle Magistral Cabrera y otros de la casa número 5 de la calle Padre Caro, así como dos empleadas de hogar de las Padres Agustinos[i].

Hasta el 4 de enero del año siguiente no comparecerán como testigos del hecho. La primera en hacerlo era Rosario Alba Muñoz, que manifestaba ante el alcalde y el secretario del Ayuntamiento, que ella misma vio cómo Victoria Baro:

…salvó a los niños que se encontraban en el comedor, trasladándolos a un camión, desde donde fueron subiendo por una escalera a la casa de don Luis Barberá Campano, sita en la calle Magistral Cabrera nº 3 y gracias a la intervención de la citada Srta. pudieron ser salvados los citados niños[ii].

La misma comparecencia, copia de la anterior, es firmada por Josefina Baro Aragón, el mismo día y se expresa de idéntica manera. Igualmente lo hace Julio Romero Dulce y José Gómez Soler. En la comparecencia de Dolores Castañeda Fernández, en la línea donde dice: “por una escalera” añade: “a la ventana existente en el primer piso de la casa propiedad de Don Luis Barberá Campano”. Y Manuela Ariza de Alba: “… hacia el balcón de la casa número tres, de un piso de frente de Don Luis Barberá Campano, pudiéndose salvar a todos”. El expediente se resuelve en enero de 1967[iii] cuando la Corporación Municipal ratificó el acuerdo adoptado en año antes[iv].

Del mismo día 3 de mayo hallamos un segundo expediente abierto, por el negociado de Acuerdos, de los señores Barberá Campano y Cañizares Michelena en el que se solicitaba la concesión de la Cruz de Salvamento por “su eficaz colaboración” en el salvamento de los niños. El primer documento es un oficio firmado por el alcalde[v] dirigido a la Autoridad de Marina en el que eleva la certificación literal[vi] del acuerdo adoptado por la Corporación Municipal en la sesión plenaria celebrada el 25 de marzo en la que proponía a dicha autoridad, la concesión de la Cruz de Salvamento a ambos vecinos. Parece ser que el oficio fue devuelto para que se remitiese a la Delegación Nacional de Educación Física y Deportes de FET y de las JONS; en concreto a la Federación Española de Salvamento y Socorrismo en Madrid. El 4 de agosto le contesta, al alcalde, su presidente J. A. Pascual y López de Quesada:

…le significo que con éste fecha traspaso el mismo a la Comisión de Recompensas de ésta Federación, para que estudie la propuesta de concesión de Medalla de Salvamento a favor de don Luis Barberá Campano y Don Manuel Cañizares Michelena[vii]

A partir de aquí no existen más documentos en el expediente y éste queda sin terminar como así aparece en el frontal de la carpeta correspondiente, escrito manualmente en rojo.

A continuación de éste existe otra carpeta de expediente, sin documentación, sobre la propuesta de concesión del Lazo de Beneficencia a la Delegación Provincial de la Sección Femenina “por sus actividades a favor de esta Ciudad, con motivo de la inundación padecida el 19 de octubre de 1965”[viii]. De igual manera, está sin terminar.

Siete meses después del escrito del alcalde sobre la actuación de los tres guardias civiles que intervinieron en el salvamento de la familia de la calle Rivero número 11, se recibe en el Ayuntamiento, la contestación del gobernador civil a dicho escrito. En él se ordenaba, se procediese a incoar expediente del caso:

… por los hechos heroicos realizados con motivo de la inundación (…) para proponer a la Superioridad el ingreso de los mismos en la Orden Civil de Beneficencia, a cuyo expediente se aportarán las pruebas testificales oportunas, los informes de los elementos representativos de la Ciudad y el de esa Excma. Corporación Municipal[ix].

Se desconoce la fecha de apertura del expediente, pero las primeras comparecencias, las de la familia rescatada, tienen lugar el día 7 de febrero de 1967. Así, Angel Bey Periñan, Isabel Marín Reyes y María del Carmen Bey Marín declararon:

… con riesgo de perder la vida, se arrojaron a la corriente de agua que bajaba por la calle Rivero, sin temor de que las aguas los arratraran, las cuales alcanzaban una altura superior de dos metros. Consiguieron llegar a nado, tras grandes esfuerzo, a la casa (…) encontrándose toda la familia agarrada a una de las rejas de las ventanas interiores, con el agua a la altura del cuello. Con enorme esfuerzos lograron subir a toda la familia al tejado de la vivienda, lo que no consiguió un helicóptero de la marina de guerra, en una tentativa realizada. Uno de los guardias hizo la respiración artificial, boca a boca, a la esposa del compareciente, debido a que, en el momento de ser subida al tejado, sufrió un ataque al corazón. Toda la familia permaneció en aquel tejado, hasta que fue rescatada por un helicóptero de la Marina, atraído por las señales insistentes de los citados miembros de la Guardia Civil[x].

Todas las comparecencias relataron el hecho del mismo modo; algunas cambiando o añadiendo distintas expresiones o palabras, pero en idéntico sentido. Así, el día 13 de febrero, comparecieron los vecinos, Manuel Fornell Cabeza de Vaca y Juan Alba Torres con similares relatos los dos y de igual forma que la familia protagonista del rescate.

El 16 de febrero, desde la secretaría de alcaldía, se remite mediante oficio, el expediente al jefe local de sanidad. Éste lo reenvía al día siguiente declarando tener: … conocimiento de que el indicado día los citados Guardias 2º con riesgo de perder su propia vida, se arrojaron…”[xi] El relato continúa de forma similar, al resto de los comparecientes.

El 5 día de abril, el secretario del Ayuntamiento, Lorenzo Martínez Escudero, certifica el acuerdo que adoptó la Corporación Municipal en su sesión de 24 de febrero[xii] del mismo año: “Propuesta para el ingreso en la orden civil de beneficencia” que dice textualmente:

La Excma. Corporación Municipal previa deliberación y por unanimidad, ACORDO: Informar favorablemente el aludido expediente y en su consecuencia proponer a la Superioridad el ingreso de los Guardias Civiles Don Eduardo de la Torre Prieto, D. Antonio Pérez Ocaña y D. Antonio Vazquez Garrido, en la Orden Civil de Beneficencia por los hechos heroicos realizados por los mismos en dicha jornada[xiii].

El 26 de abril y una vez concluido el expediente, es remitido al director general de Beneficencia y obras sociales, a través del Gobierno Civil. Sin embargo, éste es devuelto el día 10 de mayo, mediante oficio del gobernador civil, señalando:

…se observa en la información de Autoridades Locales, que prescribe su artº 7º, solo se aporta la del Delegado Local de Sanidad, por cuya razón se devuelve el citado expediente a V.E. a fin de que se reclame el de las restantes Autoridades civiles, judiciales y eclesiásticas. Lo que con inclusión del expediente de que se trata, digo a V. S. para su conocimiento y cumplimiento de los acordado por la Superioridad[xiv].

Lo firmaba de puño y letra el gobernador civil, Santigo Guillén Moreno. Sin más dilación, un día después, se remite el expediente al juez de primera instancia e instrucción, al párroco de San Juan Bautista y al superior de los Padres Agustinos Recoletos.

La respuesta de éste último era escueta: “… sin informe alguno, pues no estoy al tanto, ni conozco nada del asunto referente a tales señores”[xv]. Es la única respuesta de las tres solicitadas que consta en la carpeta del expediente. No obstante, un mes después, el alcalde devuelve el expediente “una vez realizados los trámites ordenados por la superioridad, nuevamente tengo el honor de elevar a su superior Autoridad, a los efectos procedentes, expediente instruido por este Ayuntamiento”[xvi]. Pero en el frontal de la carpeta, como en las anteriormente mencionadas, se halla escrito manualmente en rojo: “sin terminar”. Sin embargo, en la sesión plenaria del 24 de febrero de 1967 se llevó la propuesta para el ingreso en la Orden Civil de Beneficencia para los tres números de la Guardia Civil. La Corporación, por unanimidad acordó informar favorablemente el expediente y proponer “a la Superioridad el ingreso (…) en la Orden Civil de Beneficencia por los hechos heroicos realizados por los mismos en dicha jornada”[xvii].

La última propuesta de honores y distinciones fue la concesión de la medalla de oro de la ciudad y el título de Hijo Adoptivo al ministro de Hacienda, Juan José Espinosa Sanmartin. La propuesta decía así:

La actitud tutelar y generosa con que favoreció a esta Ciudad en los momentos aciagos en que el infortunio se abatió sobre Chiclana de la Frontera, en la terrible inundación (…) provocada por el desbordamiento del río Iro, cuyo recuerdo no se ha borrado de nuestra memoria. Por la acción tutelar del gobierno de la Nación y muy particularmente de su Ministro de Hacienda, concediéndonos desde el primer momento, su comprensión, aliento moral y muy eficaz, pronta y satisfactoria ayuda material, permitió, junto al espíritu tenaz y laborioso de los Chiclaneros, el rápido resurgimiento de la Ciudad, que hoy día ha hecho desaparecer las huellas físicas del siniestro y se ofrece más fuerte y pujante que nunca, pero no olvida al hombre que en sus días difíciles quiso estar personalmente entre nosotros, para tendernos su mano paternal y generosa[xviii].

El acuerdo fue aprobado por aclamación.

Notas:

[i] Luis Barberá Campano, Manuel Cañizares Michelena, Manuel Castañeda, Rafael de la Torres González y Antonio de la Torres González, señora de José Coca Gil, José Gómez Soler, Josefina Baro Aragón, Manuel Gómez Ortega y Juana Saucedo Velázquez, de Magistral Cabrera. Julio Romero Dulce, José Rueda, Manuel Suazo Dominguez, Manuela Ariza de Alba, José Reyes Quirós, Manuel Cebada Alcántara, de la calle Padre Caro número 5. Y las sirvientas del Convento de los Padres Agustinos: Antonia Montero Gutiérrez y Juana Montero del Río.

[ii] AHMCh: Expediente del Excmo. Ayuntamiento de Chiclana de Victoria Baro Sánchez.

[iii] En la sesión ordinaria del Pleno del día 27 de enero de 1967, en el punto tercero.

[iv] AHMCh. Legajo nº 63. AA. CC. Sesión ordinaria del 27 de enero de 1967.

[v] AHMCh. Número de salida: 1.589, de fecha 3 de mayo de 1966.

[vi] Se adjuntaba una certificación del secretario del Ayuntamiento, Lorenzo Martínez Escudero, en la que se copiaba literalmente el punto B) felicitación y propuesta de concesión de la Cruz de Salvamento a los vecinos D. Luis Barberá Campano y don Manuel Cañizares Michelena.

[vii] AHMCh. Número de Entrada: 3.352, de fecha 8 de agosto de 1966.

[viii] AHMCh. Carpeta de expediente. Negociado de Acuerdos, año 1965.

[ix] AHMCh. Oficio del Gobierno Civil de la provincia de Cádiz de 13 de junio de 1966. Número de entrada: 2.567 de 15 de junio de 1966.

[x] AHMCh.Comparecencia de Angel Bey Periñán.

[xi] AHMCh. Comparecencia del Jefe Local de Sanidad, 17 de febrero de 1967.

[xii] En su quinto punto.

[xiii] AHMCh. Certificado del Secretario del acuerdo tomado en sesión plenaria el día 24 de febrero de 1967.

[xiv] AHMCh. Oficio del Gobierno Civil. Entrada nº 2.139 de fecha 10 de mayo de 1967.

[xv] AHMCh. Oficio del Superior de los padres Agustino Recoletos. Número de entrada: 2.348, de fecha 22 de mayo de 1967.

[xvi] AHMCh: Oficio de secretaría de alcaldía. Número de salida: 2.368, de 22 de junio de 1967.

[xvii] AHMCh. Legajo nº 63. AA.CC. Sesión ordinaria de 24 de febrero de 1967. Punto quinto.

[xviii] AHMCh. Legajo nº 63. AA.CC. Sesión ordinaria de 28 de abril de 1967. Punto tercero.

Crónica de la riada de 1965 en Chiclana de la Frontera (V)

RECONSTRUYENDO CIUDAD Y SOCIEDAD

Chiclana, con una población entonces de 24.049 habitantes de hecho, según el Padrón Municipal, y con 203 kilómetros cuadros de superficie, había sido afectada severamente por la catástrofe. Más del 8% de sus vecinos sufrieron de una u otra manera la inundación y su suelo fue anegado un 32%; casi un 70% del casco histórico incluyendo ambas orillas. Era por tanto hora de poner mano tanto a la reconstrucción material de la ciudad como a nivel social y económico. En los primeros momentos de la catástrofe las ayudas llegadas de las ciudades vecinas de Conil, San Fernando y Cádiz y, también de la hoy ciudad hermana de Úbeda[i] paliaron, en la medida de lo posible, las necesidades más perentorias. A principios de noviembre y a través del Ministerio de Gobernación, el gobernador civil concedió dos subvenciones[ii] a los damnificados para adquirir prendas de vestir. El Consejo de Ministros a propuesta del Ministerio de Trabajo concedió, igualmente, una asignación especial para mitigar el paro obrero empleándose en trabajos de limpieza viaria y edificios públicos.

Antes de finalizar el año, en el ultimo Pleno Municipal[iii], tomaba cuerpo lo que en el año 1963[iv] no pudo conseguirse: la construcción de 300 viviendas en los terrenos colindantes a la ermita de Santa Ana:

En estas circunstancias y dada la necesidad urgente de construir viviendas para los damnificados en las inundaciones, es aconsejable que este Ayuntamiento pueda disponer libremente de los terrenos de referencia, dejando sin efecto los acuerdos de cesión anteriomente adoptados, sobre todo teniendo en cuenta que solamente en estos terrenos, pues no tiene otros, puede esta Corporación proyectar la construción de las viviendas cuya financiación le ha prometido recientemente el Gobierno de la Nación, destinados a los damnificados en la catastrófica inundación (…)[v].

Así, se deliberó sobre ello, y estando conformes los concejales presentes a lo expuesto por el alcade, se dejó sin efecto alguno los anteriores acuerdos dando traslado del presente, para su conocimiento, al Instituto Nacional de la Vivienda.

En el Pleno de enero[vi], el alcalde trasladó a la Corporación el acuerdo adoptado por la Comisión Delegada de Asuntos Económicos. Se trataba de la concesión de una subvención extraordinaria[vii] “destinada a la realización de obras de infraestructura que sirvan para paliar los daños ocasionados (…) por las inundaciones sufridas por esta Ciudad”[viii]. En la misma sesión plenaria, se aprobó por unanimidad solicitar “a la Dirección General de Carreteras (…) la mejora de la travesía de esta Ciudad, obra de suma y urgente necesidad, no solo por representar en su trazado actual un peligro permanente para el trafico, sino también por constituir complemento indispensable a las obras de encauzamiento y defensa del rio Iro y construcción de nuevo puente”[ix]. El Ayuntamiento se comprometía a contribuir con estas obras “en cuantía proporcional a su presupuesto y en la medida de sus posibilidades económicas”[x].

A todo esto se sumaba uno de los nuevos proyecto para la ciudad, ajenos a la inundación y que con anterioridad se había comenzado a tramitar en el mes de junio[xi]. Por su importancia, lo traigo a colación. Y lo hago porque está en la memoria de muchos chiclaneros. Era, ni más ni menos, que aprobar el expediente instruido de una cesión de terrenos[xii], en la colonia de Santa Ana, a la Dirección General de Enseñanza Media para la construcción del Instituto de Enseñanza Secundaria Poeta García Gutiérrez.

Este y otros asuntos relacionados con la inundación ocupaban gran parte de la actividad de la Corporación Municipal. Así, en sesión ordinaria del 25 de febrero se presentó el proyecto técnico[xiii], el presupuesto y la ejecución del puente pasarela sobre el río[xiv] y la pavimentación de la calle Caraza[xv]. Ambos proyectos a cargo de la subvención extraordinaria[xvi] concedida[xvii] por la Comisión Delegada de Asuntos Económicos de la Comisión Provincial de Servicios Técnicos[xviii]. En la misma sesión, también se aprobó el proyecto de pavimentación de las calles Concepción, Las Albinas y Cádiz[xix]. Y en el punto quinto, se debatió sobre las importantes obras[xx] de las fincas municipales en los números 3 y 5 de la calle Santa Ana, donde se hallaba el Dispensario Antipalúdico y Laboratorio Municipal. En ellas se construirían diez apartamentos, en las plantas altas, para alojar provisionalmente a familias cuyas viviendas fueron arrasadas por las aguas y sin medios para adquirir una nueva. Al mismo tiempo, se harían obras de reparaciones en el Laboratorio Municipal[xxi].

Varios concejales preguntaron al alcalde sobre la suscripción pro-damnificados de la inundación[xxii]. Éste respondió que todas las actividades que se habían desarrollados supusieron un éxito, pues fueron muchas las personas e instituciones que colaboraron en la ayuda, ya fuese material como económica, pero que aún no daba cifras concretas, pues “hay que abonar diversas cantidades por los diferentres gastos hechos a cargo a estos fondos, pero que dichos fondos estan a disposicion del Excmo. Sr. Gobernador Civil de la Provincia”[xxiii]. En el siguiente apartado del mismo punto, el concejal Antonio Serrano Gil se dirigió al alcalde “inquiriendo noticias sobre la concesión de creditos a medio y corto plazo a industriales y comercianates cuya instalaciones fueron afectadas por la catastrófica inundación”[xxiv]. Le contestó el alcalde dando cuenta de las gestiones realizadas “y explicó el esquema de la tramitación oficial segunda al respecto por los diversos organismo que intervienen”[xxv].

En las sesiones siguientes nos vamos a encontrar, entre diferentes puntos del Pleno Municipal, varias referencias a los valientes de la inundación del año anterior. Así, en la del 25 de marzo de 1966[xxvi], sabemos que las obras de pavimentación de las calles Nuestra Señora de los Remedios y Frailes se adjudicó a los contratistas locales Hermanos Moreno Dávila, según acuerdo adoptado en un anterior Pleno[xxvii]. En urgencias, ruegos y preguntas, se trató sobre la propuesta, al gobernador civil de la provincia, del ingreso en la Orden Civil de Beneficencia, de Victoria Baro Sánchez. Y son nombrados y felicitados los vecinos Luis Barberá Campano y Manuel Cañizares Michelena, que son propuestos para la concesión de la Cruz de Salvamento[xxviii].

En el mes de abril, en la sesión ordinaria correspondiente al Pleno de dicho mes[xxix], el alcalde rindió cuentas de su viaje a Madrid. Detalladamente relató a la Corporación su visita al Ministerio de Hacienda para agilizar los créditos a comerciantes e industriales damnificados; la “ayuda económica para completar la reposición de ajuares destruidos”; y la financiación para la construcción de un grupo de viviendas[xxx]. En la Dirección General de Coordinación Agraria, de donde dependía el servicio de pósitos, para solicitar una concesión de un préstamo extraordinario al pósito local, a fin de que los agricultores afectados por la inundación pudiesen hacer frente a la sementera.

[i] Aún no se había realizado el protocolo de hermanamiento entre ambas ciudades, pero sí se contaba ya en Chiclana con la presencia de muchos ubetenses en las instalaciones del Campamento de Úbeda en La Barrosa. En el año 2010 tuve el honor de dirigirme al Pleno Municipal como Concejal Delegado de Hermanamientos y solicitar el voto favorable para que Chiclana se sumase la concesión de la Medalla de Oro de la ciudad de Úbeda por parte del ayuntamiento ubetense a Acción Católica, responsable de cuantas cosas buenas han hecho por los jóvenes de Úbeda en dicho campanento. El voto fue favorable por amplia mayoría.

Notas:

[ii] Una de 250.000 pesetas y otra de 50.000 pesetas.

[iii] AHMCh. Legajo nº 63. AA. CC. Sesión Ordinaria de 31 de diciembre de 1965. Punto tercero.

[iv] En las sesiones plenarias de 25 de enero y 31 de mayo de 1963 el Ayuntamiento acordó la cesión gratuita al Instituto Nacional de la Vivienda de una parcela de 22.000 metros cuadrados, de propiedad municipal, para la construcción de 300 viviendas subvencionadas. No se llegó a otorgar la escritura pública por diversos motivos ajenos al Ayuntmaiento y al Instituto Nacional de la Vivienda.

[v] AHMCh. Legajo 63. AA. CC. Sesión ordinaria de 31 de diciembre de 1965. Punto tercero.

[vi] AHMCh. Idem.

[vii] De 7.500.000 pesetas

[viii] AHMCh. Legajo 63. AA. CC. Sesión de 31 de enero de 1966. Punto tercero.

[ix] AHMCh. Ibídem

[x] AHMCh. Ídem

[xi] AHMCh. Legajo nº 63. AA. CC. Sesión Ordinaria de 25 de junio de 1965. Punto cuarto.

[xii] 7.460 metros cuadrados.

[xiii] Del ingeniero municipal José Guerrero Fernández.

[xiv] Con un coste de 6.323.711,01 pesetas.

[xv] Ascendía a 1.547.523,10 pesetas

[xvi] Hasta 7.500.000 pesetas

[xvii] A propuesta de la Comisión Interministerial de Planes Provisionales.

[xviii] En cumplimiento del Consejo de Ministros de 5 de noviembre de 1965.

[xix] Alcanzaban un total de 903.183, 99 pesetas.

[xx] Presupuesto de 307.010, 52 pesetas.

[xxi] 56.851,20 pesetas.

[xxii] En el punto noveno, en su apartado segundo.

[xxiii] AHMCh. Legajo nº 63. AA. CC. Sesión ordinaria de 25 de febrero de 1966.

[xxiv] AHMCh.: Ibídem

[xxv] AHMCh: Ídem

[xxvi] En el punto undécimo.

[xxvii] AHMCh. Legajo nº 63. AA. CC. Sesión ordinaria de 14 de enero de 1966.

[xxviii] AHMCh. Legajo nº 63. AA. CC. Sesión ordinaria de 25 de marzo de 1966.

[xxix] AHMCh. Legajo nº 63. AA. CC. Sesión ordinaria 29 de abril de 1966.

[xxx] AHMCh: Tanto la ayuda económica para ajuares como la financiación de las viviendas fueron asimismo tratados con el director general del Instituto Nacional de la Vivienda.

Crónica de la riada de 1965 en Chiclana de la Frontera (IV)

DE BIEN NACIDOS ES SER AGRADECIDOS

Conforme pasaba los días, la gente, los vecinos, hacían multitud comentarios de todo tipo. Había ocurrido lo imposible. Hasta el propio Franco se sorprendió cuando se lo contó el propio alcalde. La palabra que más sonaba, la que estaba en boca de todos era: ¡milagro! Milagro que no pasara ni una sola desgracia personal; que no muriese nadie en la inundación. Y se hablaba de lo ocurrido en el comedor social. Los propios padres de los niños y niñas salvados, también pensaron que aquello fue un milagro. Y que allí hubo un ángel de la guarda: Victoria Baro Sánchez. Lo cierto fue que hubo más de uno, pero ella encarnó, sin quererlo, el papel de humilde guarda celestial. Lo sucedido se fue corriendo por la ciudad. El Ayuntamiento tuvo conocimiento de cómo aquella señorita tuvo el coraje suficiente para mantener a salvo a los niños. Primero en el comedor y más tarde en el camión[i] de José Antonio González Morales[ii] conducido por Cristóbal Vela, que hizo cuanto pudo para rescatar a los niños. Finalmente también hubo de ser auxiliado por los vecinos Barberá y Cañizares, al romperse las cuerdas sujetas a los hierros de los cierros cercanos que mantenían sujeto el camión.

Entretanto, se había recibido[iii] en el registro de entrada del Ayuntamiento un oficio del gobernador civil, Santiago Guillén Moreno, que remitía un escrito dirigido a él, de 3 de noviembre, del teniente coronel y primer jefe de la Comandancia de la Guardia Civil de Cádiz relatando los servicios prestados durante la inundación, de un salvamento realizado por tres miembros de la benemérita en el que se distinguieron los guardias 2º Eduardo de la Torre Prieto, Antonio Pérez Ocaña y Antonio Vázquez Garrido. El oficio decía así:

En las operaciones de salvamento llevadas a cabo (…) con riesgo de perder la vida se arrojaron a la gran corriente de agua que bajaba por la calle de Rivero, sin temor al peligro de ser arrastrados por las aguas, que alcanzaban una altura de dos metros. Tras ímprobos trabajos, consiguieron llegar a nado a la casa nº 11 de la referida calle, habitada por un matrimonio de unos 70 años de edad, así como dos hijas del mismo, una de ellas anormal, cuya familia se hallaba agarrada a una de las rejas de las ventanas interiores, con agua a la altura del cuello. Con esfuerzos inaudítos y agotadores, lograron subirlos al tejado del edificio, lo que no pudo conseguir en una tentativa realizada por un helicóptero de la Marina, que tuvo que abandonar el intento.

Por uno de los guardias le fue hecha la respiración artificial de boca a boca, a la anciana del matrimonio en cuestión, debido a sufrir ésta de un ataque al corazón en el momento de ser subida al tejado. Estos vecinos permanecieron en aquel tejado hasta ser rescatados por uno de los helicópteros, atraídos por las señales constantes de la fuerza indicada. Con dicha acción, los mencionados guardias, lograron salvar la vida a los infortunados vecinos de aquella casa, a costa del riesgo que corrieron de perder la suya.

Lo que tengo el honor de participar a la respetable Autoridad de V. E. para su conocimiento.

Ello por si a la vista de los hechos concurridos en los Guardias citados, con motivo del extraordinario servicio humanitario prestado, fuesen acreedores de recompensa de la Orden de Beneficencia, de la que V. E. es Presidente y Jefe Provincial, en mérito a los servicios prestados por aquellos[iv].

 Era otro de los episodios heroicos del 19 de octubre. Éste menos conocido, que el caso del comedor. La respuesta no se hizo demorar mucho. Así, al día siguiente, un oficio del alcalde de la ciudad daba por cierto cuanto se relataba en el escrito del teniente coronel de la Guardia Civil y confirmaba los hechos:

 Tengo el honor de participar a V. E. que de los informes facilitados a esta Alcaldía por los Agentes de mi Autoridad, resulta ser cierto cuanto se expone en dicho escrito. Al propio tiempo, tengo el honor de comunicar a V. E., de que esta Alcaldía considera a dichos Guardias acreedores de la recompensa para la que se proponen por la Comandancia de la Guardia Civil[v].

 Justo un mes después de la catástrofe, la Comisión Municipal Permanente, cuando entendemos que se han realizado las gestiones más perentorias y otras que continuarían durante los siguientes meses, comienza a manifestar, de forma oficial, los agradecimientos a todas aquellas personas e instituciones que de una forma especial se distinguieron en aquel infausto día 19 de octubre.

Una de las personas destacadas en el auxilio de sus conciudadanos fue José Barberá Gallardo, hermano de Manuel, propietario del conocido restaurante Manguita. Es el primer vecino a quien se le reconoce sus méritos. Así, en la sesión correspondiente al 19 de noviembre 1965[vi] de la Comisión Municipal Permanente es propuesto, por su heroica acción, para la concesión de la Medalla de Beneficencia:

 El Alcalde expone que tiene conocimiento de que el vecino de esta ciudad don José Barberá Gallardo, de 29 años de edad casado, hijo de José y de María, domiciliado en la calle Final de Rivero nº 33, desde los primeros momentos de la catastrófica inundación padecida por esta ciudad y su término municipal, con motivo del desbordamiento del río Iro el día 19 de octubre pasado, se dedicó con un bote de pequeñas dimensiones, propiedad de su padre, al salvamento de los vecinos de la barriada Ntra. Sra. de los Remedios, de la Obra Sindical del Hogar y Arquitectura. Destacando que en dicho salvamento su trabajo fue intenso al luchar contra la gran fuerza de la corriente, habiendo alcanzado las aguas en algunos momentos una altura aproximada de seis metros, exponiendo su vida por haber estado la embarcación a punto de zozobrar en varias ocasiones, no cesando en su labor hasta las 20 horas, en que quedó todo el personal evacuado, finalizando con éxito los trabajos, sin lamentar desgracias personales, gracias a la pericia y arrojo del citado vecino[vii].

 Y tras deliberar al respecto, los miembros presentes acordaron hacer constar en dicho acta “el profundo agradecimiento y felicitación de la ciudad, de la Excma. Corporación y de la Alcaldía-Presidencia, a don José Barberá Gallardo por su extraordinario y heroico comportamiento”[viii]. Asimismo, se solicitaba al gobernador civil de la provincia, la concesión de la medalla de beneficencia “en prueba de reconocimiento a los méritos contraídos”[ix]. Y se daba conocimiento al propio interesado, del acuerdo adoptado. En la misma sesión y en su punto sexto, también se felicitaba al Guardia 1º Manuel Pérez Contreras:

 El Sr. Alcalde expone que tiene conocimiento que (…) desde los primeros momentos de la catastrófica inundación (…) en un bote de pequeñas dimensiones, propiedad de don José Barberá Gallardo, en unión de éste se dedicó al salvamento de los vecinos de la barriada Ntra. Sra. de los Remedios de los Obra Sindical y del Hogar y Arquitectura. Destacando que en dicho salvamento su trabajo fue intenso al luchar contra la gran fuerza de la corriente, habiendo alcanzado las aguas en algunos momentos de la riada una altura aproximada de seis metros, exponiendo su vida por haber estado la embarcación a punto de zozobrar en varias ocasiones, no cesando en su labor hasta las 20 horas, en que quedó todo el personal evacuado, finalziando con éxito los trabajos, sin lamentar desgracias personales, gracias al arrojo del contado Guardia Civil 1º.[x]

 El regidor finalizaba manifestando, en su nombre y en el de la Corporación, su más “profundo agradecimiento (…) y satisfacción”[xi] a la vez que indicaba: se abriese un expediente para el asunto donde constase este reconocimiento, al tiempo que se enviaban dos oficios al respecto: uno al capitán de la 8ª Compañía de la Guardia Civil –la de Chiclana– Pedro del Pozo Pineda, y otro al propio Manuel Pérez Contreras.

El siguiente punto a tratar también era referente a otro agradecimiento. En este caso a una institución, pues se había recibido con anterioridad una carta del secretario general del Instituto de Biología y Sueroterapia, S. A. de Madrid, en la que expresaba su pesar por la catastrófica inundación padecida por la ciudad. En ella, el director general del Instituto manifestaba haber:

 …decidido prestar una aportación a este Ayuntamiento, estimando saldada la cifra de Sesenta mil pesetas importe del presupuesto que esta Corporación tenía aprobado por la desratización en bloque de esta Localidad, cuya primera fase o de choque fue realizada hace seis meses; y sin más perjuicio de que los expertos de dicha Sociedad, efectúen en el presente mes, la segunda fase de la campaña.

El gesto fue elogiado y agradecido por la Corporación. Tras la deliberación oportuna y por unanimidad, se acordó: “… hacer constar en el acta el testimonio de reconocimiento y sincera gratitud, en nombre de la Ciudad”, así como enviar una carta, en los mismos términos, al secretario del instituto madrileño.

Hasta principios de enero de 1966 no hallamos un nuevo reconocimiento oficial alusivo a la inundación. Es, en la sesión extraordinaria del 14 de enero. En ella[xii], el alcalde-presidente lee un expuesto sobre “la concesión a S. E. El Jefe del Estado de la Medalla de Oro de esta Ciudad y el Título de Hijo Adoptivo de la Misma”[xiii]. La concesión de dichos honores se justificaba con estas palabras:

 … a S. E. El Jefe del Estado, que en los días aciados (aciagos) y de infortunio cuando las inundaciones por desbordamiento del río Iro, trajeron a esta Ciudad tragedia y desolación, no la olvidó en su corazón y supo prestarle asistencia moral y material, habiendo de destacarse por su importancia la ayuda extraordinaria, pronta y eficaz, concedida por el Caudillo de España y su Gobierno a esta Ciudad, para remediar los enormes daños causados por la catastrófica inundación padecida por la misma (…) Inundación sin precedentes por su magnitud, que en pocas horas arrasó la zona baja de la Ciudad, privó de hogar a centenares de familias infirió cuantíosísimas pérdidas a la industria; el comercio y la agricultura, destruyó numerosos inmuebles, dañando gravemente muchos mas, y causó serios perjuicios a los servicios públicos de enfraestructura. Conocida por todos la actitud generosa y tutelar adoptada por el Caudillo de España y su Gobierno, ante tan magna catástrofe, prestándonos su aliento y apoyo moral y concediéndonos ayuda material, realmente extraordinaria, consistente fundamentalmente en lo siguiente: reposición de ajuares y enseres de damnificados por un total importe de quince millones de pesetas; subvención a fondo perdido de veinticinco millones de pesetas a este Ayuntamiento, para la reparación de daños habidos en obras y servicios municipales; adopción de las medidas necesarias en orden a la concesión de créditos a largo plazo y con reducido interés, para los industriales, comerciantes y agricultores damnificados; orden de redacción de los proyectos técnicos precisos para la realización de las obras de defensa y encauzamiento del río, con nuevo puente, encaminadas a evitar la repetición en el futuro de siniestros de esta naturaleza; y estudio de financiación de un importante grupo de viviendas destinadas a las familias damnificadas. Prácticamente, se nos ha concedido el cien por cien de la ayuda solicitada[xiv].

También se acordaba, previa deliberación y asímismo por unanimidad, un “Agradecimiento Corporativo”[xv]. Decía así:

A).- Manifestar al Excmo. Sr. Ministro de Hacienda, don Juan José Espina Sanmartín, su profundo sentimiento de reconocimiento y gratitud por la atención e interés que ha puesto en el conocimiento y resolución de los problemas de esta Ciudad, gravemente damnificada en la inundación que sufrió el día 19 de Octubre de 1965, habiendo honrado a esta Ciudad con su gratísima visita del pasado día dos de enero, en cuya ocasión, que nunca se borrará de nuestra memoria, nos trajo el apoyo moral del Caudillo de España, del Gobierno de la Nación y el suyo propio, a la par que nos informaba de las extraordinarias y generosas medidas adoptadas por el Gobierno, para la desaparición total de los efectos destructores de dicho siniestro, una de cuyas medidas fue materializada por el propio Sr. Ministro mediante la entrega al Sr. Alcalde de un cheque por un importe de diecisiete millones y medio de pesetas. Esta Corporación desea, además, hacer constar su enorme complacencia y satisfacción por el honor de que el Sr. Ministro de Hacienda tuvo ascendencia directa chiclanera por cuyo hecho, que el mismo hizo público, esta Ciudad y esta Corporación se felicitan y congratulan.

B).- Manifestar su profundo sentimiento de reconocimiento y gratitud hacia el Excmo. Sr. Gobernador Civil de esta Provincia, Don Santiago Guillén Moreno, quien de una manera incansable y con un singular espíritu de entrega y abnegada dedicación, digno de toda loa, ha venido prestando a esta Ciudad, con ocasión de la catastrófica inundación padecida por la misma (…) por desbordamiento del Río Iro, su ayuda ininterumpida, extraordinaria y eficaz; ofreciéndonos desde el primer momento su asistencia moral y material y consiguiendo del Gobierno de la Nación, la concesión de cuantas prestaciones le fueron solicitadas. Esta Corporación lamenta que las prescripciones del vigente Reglamento de Honores y Distinciones de la misma, impiden el otorgamiento a la Primera Autoridad Civil de esta Provincia, de los más altos honores municipales a los que en justicia es acreedor, pero desea dejar constancia de su voluntad de conferírselos tan pronto como sea legalmente posible.

C).- Manifestar al Excmo. Sr. Presidente de la Excma. Diputación Provincial de Cádiz, Don Alvaro Domecq y Díez su sentimiento de reconocimiento y gratitud por la magnífica y valiosa ayuda prestada a esta Ciudad, con ocasión de la inundación catastrófica padecida por la misma (…) por desbordamiento del río Iro, concretada fundamentalmente en la operación crediticia aprobada por la Excma. Corporación de su Presidencia, para garantizar la concesión de préstamos a los industriales y comerciantes de esta Ciudad, damnificados en dicha inundación.

D).- Expresar su agradecimiento y reconocimiento a Cáritas Parroquial de esta Ciudad y a su Presidente, Don Diego Gómez Soler por la extraordinaria colaboración y ayuda prestadas a este Ayuntamiento, en la prestación de asistencia moral y material a los damnificados de esta Ciudad, en la inundación catastrófica padecida por la misma (…) con cuya ocasión hicieron gala una vez más, de su encomiable espíritu de entrega y servicio a bien común.

E).- Manifestar su reconocimiento y agradecimiento a Auxilio Social, por la valiosa y eficaz colaboración prestada a este Ayuntamiento, en la asistencia material prestada a los damnificados de esta Ciudad (…)[xvi].

No todos los puntos, sin embargo, fueron agradecimientos en aquella sesión. Uno de los más importantes fue la aprobación del presupuesto ordinario para el año de 1966[xvii]. Hago esta referencia al presupuesto, porque el siguiente punto, se trataba de aprobar el anteproyecto y estudios ténicos para la reparación de los daños de las instalaciones municipales afectadas por la inundación y que era el doble[xviii] del presupuesto anual del Ayuntamiento.

Para la siguiente sesión plenaria, la del 28 de enero de 1966, continuaron los agradecimientos. Ésta comenzaba con expresiones de agradecimiento al ministro de la Vivienda, al director general del Instituto Nacional de la Vivienda y al delegado provincial de dicho Ministerio. En las tres se manifestaba: “el profundo sentimiento de reconocimiento y gratitud de esta Corporación, por la extraordinaria y valiosa ayuda moral y material prestada”[xix]. Al jefe provincial de Sanidad se le añadía:

 Por la eficacia y extraordinaria asistencia y ayuda prestada a esta Ciudad, con ocasión de la inundación catastrófica (…) destacar, entre las medidas sanitarias adoptadas, las conducentes a regularizar y controlar el suministro de agua y la urgente e importante campaña de vacunación antitífica llevada a término[xx].

 A la Delegación Provincial de la Sección Femenina de Cádiz, pues desde los primeros instantes hizo gala “de un encomiable espíritu de abnegación y sacrificio, han venido ofreciendo incansablemente, con celo desprendidamente y generosidad, su actividad a beneficio de los damnificados haciéndoles llegar junto a su aliento moral, la ayuda material concedida por el Gobierno de la Nación”[xxi]. Al mismo tiempo que solicitaban el Lazo de Beneficencia para dicha institución. En el mismo punto, el alcalde manifestó que tenía conocimiento:

Del extraordinario comportamiento de los vecinos de esta Ciudad, Srta. Victoria Baro Sánchez y don Luis Barberá Campano, el día de la catastrófica inundación padecida por la misma (…), con motivo de la evacuación y salvamento de 50 niños que se encontraban en el Comedor Infantil de Auxilio Social, establecido en la calle Magistral Cabrera, nº 4; los citados niños fueron sacados del local uno a uno en brazos de la citada Srta., que presta sus servicios en dicha Institución en calidad de auxiliar y colocados en un camión que estuvo a punto de zozobrar y ser arrastrado por la fuerza de las aguas desbordadas, poniendo en peligro la vida de los menores; tras no pocos esfuerzos, el camión fue atado con cuerdas y situado cerca de la fachada de la casa nº 5 de la misma calle, propiedad de Don Luis Barberá Campano, quien desde el balcón de su casa, colocó una escalera de manos sobre la cabina del camión; atados los niños por la cintura, uno a uno fueron elevados a la casa del Sr. Barberá y puestos a salvo, gracias al arrojo y pericia de la Srta. Baro Sánchez, quien en varios momentos puso en peligro su vida y la eficaz ayuda que le prestó desde su domicilio Don Luis Barberá[xxii].

 Es la primera vez que se llevaba a Pleno el caso del salvamento de los 50 niños. La Corporación Municipal, por unanimidad expresó sus sentimientos de gratitud y reconocimiento a Victoria Baro Sánchez y a Luis Barberá Campano, por dicho comportamiento, y enviaba una propuesta a la autoridad de Marina, para que se le concediese la Cruz de Salvamento a ambos[xxiii]. También a otro vecino se le reconocía su labor posinundación. Era el torero Emilio Oliva, que organizó un festival taurino en el que se recaudaron fondos para los damnificados. Tampoco se olvidaban del obispo de la diócesis Cádiz-Ceuta, Antonio Añoveros Ataún, por:

 Su paternal asistencia moral y material prestada a esta Ciudad, (…) ofreciéndonos en los momentos de infortunio, su aliento moral y su ayuda económica, llegando incluso, a desprenderse generosamente de su preciado anillo episcopal, aceptando en su bello gesto que fuese subastado en beneficio de los danmificados en dicho siniestro[xxiv].

Del mismo modo expresaban sus sentimientos de gratitud y reconocimiento a los tenientes de navío: José María Calvar Martínez, José A. Serrano Punyet, Gonzalo Ozores de Urcola, Juan Génova Sotil, Isidoro Armada Franco, Carlos Sánchez de Toca Acobal, José Luis del Hierro Alcántara[xxv], José María Otero Menéndez; al capitán de infantería de marina, Manuel Grandal Hermidas; Antonio Guerrero Corrales, Pedro Regalado, José M. Ozores Meléndez, Jorge Calvar, José Sanromán Treviño, así como el alférez de navío J. Luis del Hierro. Todos ellos, según iba relatando el alcalde:

Intervinieron con el más alto espíritu de sacrificio y extraordinaria eficacia, en el salvamento de personas que se encontraban en peligro de perecer arrastradas por la violencia de las aguas desbordadas del río Iro; congratulándose y felicitando a dichos Oficiales y Suboficiales, el haberle sido concedida por el Excmo. Sr. Ministro de Marina, al Medalla del Mérito Naval, justa recompensa a sus excepcionales servicios y magnífica preparación[xxvi].

Notas:

[i] El camión fue avisado por Carlos Andrades Atalaya, según me contó su hijo Antonio.

[ii] Me comentó José Antonio González que el camión era nuevo, lo acababa de comprar. Arrastrado por la corriente puedo recogerlo al día siguiente en la calle Caraza, en Las Albinas lleno de fango. El motor quedó inservible y solo pudo vender el chasis y las ruedas.

[iii] El día 8 de noviembre.

[iv]AHMCh. Escrito del teniente coronel Primer Jefe de la 247ª Comandancia de Cádiz dirigido al gobernador civil de la provincia y presidente y jefe provincial de la Orden de Beneficencia. Cádiz, 3 de noviembre de 1965.

[v] AHMCh: Número de salida: 4.216 de 9 de noviembre de 1966

[vi] En su punto quinto.

[vii] AHMCh. Legajo nº 63. Sesión de la Comisión Municipal Permanente de 19 de noviembre de 1965.

[viii] AHMCh: Ibídem

[ix] AHMCh: Ibídem

[x] AHMCh: Idem

[xi] AHMCh: Ibídem

[xii] En su punto segundo.

[xiii] Es preciso decir que, en el Pleno ordinario del 26 de noviembre del año anterior, se acababa de aprobar el Reglamento de Honores y distinciones del Ayuntamiento.

[xiv] AMHCh. Legajo nº 63. AA. CC. Sesión extraordinaria 14 de enero de 1966.

[xv] En el punto tercero.

[xvi] AMHCh. Legajo nº 63. AA. CC. Sesión extraordinaria 14 de enero de 1966.

[xvii] En el punto cuarto. El presupuesto anual ordinario ascendía a 12.756.954 pesetas.

[xviii] Alcanzaba la cifra de 25.176.896,62 pesetas

[xix] AHMCh. Legajo nº 63. AA. CC. Sesión ordinaria de 28 de enero de 1966

[xx] AHMCh. Ibídem.

[xxi] AHMCh. Ibídem.

[xxii] AHMCh. Idem.

[xxiii] Tuve la oportunidad de poder dialogar, en sus últimos años de vida, con don Luis Barberá Campano y me comentó que el declinó cualquier decoración oficial. Que solo con el reconocimiento del Ayuntamiento le bastaba y que su acción humanitaria fue tan espontánea e instintiva de cualquier persona que hubiese estado en su lugar.

[xxiv] AHMCh. Legajo nº 63. AA. CC. Sesión ordinaria de 28 de enero de 1966.

[xxv] En el suplemento especial del Diario de Cádiz dedicado al 40 aniversario de la riada aparece como alférez de navío.

[xxvi] AHMCh. Legajo nº 63. AA. CC. Sesión ordinaria de 28 de enero de 1966.

Crónica de la riada de 1965 en Chiclana de la Frontera (III)

LA INUNDACIÓN DESDE EL AYUNTAMIENTO

Conforme avanzaba la tarde el cielo clareó y en la noche las precipitaciones fueron débiles. En Cádiz cayeron dieciocho litros por metro cuadrado y catorce en Jerez. A la mañana siguiente el tiempo, aunque irregular, tendió a mejorar. No había peligro de una nueva riada. Pero quedaba una ciudad semidestrozada y mucha gente en la miseria. Muchos, como más tarde ellos mismos han dicho, lo perdieron todo.

En la ciudad la actividad para atender las primeras necesidades era frenética. Se habilitaron comedores y lugares donde acoger a los damnificados; otros se fueron a vivir con sus familiares. Se necesitaron camiones y grúas[i] para retirar los cascotes, adoquines arrancados y escombros. Desde El Pilar hasta la plaza de España y desde allí hasta Las Albinas, en El Lugar, las aguas lo invadieron todo. El teatro García Gutiérrez quedó seriamente dañado. En La Banda, en las dos márgenes del río, las aguas arrastraron casas, muros y defensas. Desde la calle Arenal, a la Cuesta de san Sebastián y hasta la escalereta; desde el Puente Grande a la calle Carmen Picazo, Paciano del Barco y la barriada del Carmen. La riada afectó severamente al emblemático Puente Chico y a las inmediaciones del Puente Grande, que permaneció incólume como un legendario titán.

Diez días después de la catástrofe, lo peor había pasado. Aunque aún seguían muchas familias sin hogares y sin enseres; comerciantes e industriales evaluaban sus pérdidas. Bastantes agricultores vieron sus cosechas perdidas y menguados sus ganados. La ciudad y sus habitantes estaban interiorizando la magnitud de lo ocurrido. El alcalde, Tomás Collantes Ceballos, que había permanecido día y noche en el Ayuntamiento coordinando las operaciones encaminadas a restaurar la normalidad en la ciudad, tiene ante sí todos los datos necesarios para exponer, en la sesión ordinaria del Pleno Municipal correspondiente al mes de octubre, la magnitud de la catástrofe y las gestiones realizadas hasta aquel día.

Así, comenzó señalando que la riada era “la mas grave inundación que recuerdan los anales de Chiclana”[ii]. Y a continuación leyó un amplio y detallado informe, que recogido en el acta de la sesión, decía literalmente así:

En primer lugar, destacó el arrojo y la eficacia de los auxilios prestados por los helicópteros de la Base Conjunta de Rota, anfibios del Departamento Marítimo de San Fernando y Fuerzas de la Guardia Civil, en los tristes momentos de la catástrofe. Igualmente destacó los servicios prestados por la Policía Armada de Cádiz y la extraordinaria labor realizada por el Batallón de Zapadores de la División 21ª, en la limpieza de calles y plazas y suministro de agua la población. Pasados los primeros momentos y vistos los estragos producidos por la inundación (…) esta Alcaldía, entre otras medidas adoptadas, dispuso inmediatamente el alojamiento provisional de las familias que habían quedado sin hogar, en diversos locales dependientes del Municipio, así como la instalación de tres comedores por la Delegación Local de Auxilio Social, que en la actualidad siguen suministrando alimentación a los damnificados. La Sección Femenina, Cáritas y Damas de la Caridad, desde entonces vienen prestando a esta Alcaldía, una colaboración digna de todo elogio, en su labor diaria de visitas a lugares siniestrados, confección de fichero de damnificados y distribución de alimentos, camas, colchones, mantas y prendas confeccionadas, que gracias a Dios, se reciben en este Ayuntamiento generalmente donadas por Entidades, Ayuntamientos, industriales y comerciantes de esta Provincia (…) los efectos de la riada, han sido conocidos y valorados en toda su dimensión sobre el terreno, por Delegados Provinciales de Ministerios Jerarquías del Movimiento y Técnicos de diversos Centros oficiales, que en distintos días se han desplazado a esta Ciudad, así como el Excmo. Sr. Gobernador y Jefe Provincial del Movimiento que frecuentemente se ha trasladado a Chiclana para obtener información directa de esta alcaldía sobre la catástrofe e interesar del Gobierno de la Nación la solución adecuada y mas urgente posible, de los graves problemas que Chiclana tiene planteados.

Todas estas informaciones tuvieron como consecuencia de que el Ministerio de Obras Públicas, ha ordenado a la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir, el estudio y redacción inmediata de un proyecto de regulación y encauzamiento del Río Iro, cuyas obras básicas consistían en hacer desaparecer la mayoría de las numerosas curvas que el cauce actual tiene desde las proximidades de esta Población hasta su desembocadura en el Caño de Sancti Petri, dragado del mismo cauce en la profundidad necesaria y dotarlo de la mayor anchura, principalmente a su paso por la Población; en este mismo proyecto quedaría incluída la construcción de muros de contención en las nuevas márgenes. El mismo ministerio de Obras Públicas, ha dispuesto también, teniendo en cuenta que ya existía Proyecto redactado, que en breve se inicien las obras de construcción de un nuevo puente diagonal sobre el citado Río, para unir la Carretera Nacional nº 340, haciendo desaparecer el llamado Puente Grande con lo que se conseguirá que el río tenga mayor capacidad de desagüe. Con la ejecución de los proyectos citados, los técnicos correspondientes han expresado a esta Alcaldía, su opinión de que en caso de nuevas avenidas del río Iro, los riesgos de inundación queden reducidos al mínimo.

El puente-pasarela, será sustituido por uno nuevo y de mayor longitud. En relación con el peligro que ofrece el que actualmente a la altura conocido por “El Buey” el río se encuentre obstruido por el depósito de grandes masas de tierras y cascotes arrastrados por la corriente, que impiden su desagüe desde el día de la inundación, el Sr. Alcalde informó de que dentro de breves días se iniciarán los trabajos de dragado y limpieza por una excavadora del Parque Central de Maquinaria de Obras Públicas. Asimismo, en la actualidad se lleva a cabo la limpieza y reparación de la red general del alcantarillado, que en algunos puntos de la Población, se encuentra practicamente inutilizado. En este orden, hay que destacar la valiosa colaboración que vienen prestándonos los coches y equipos de bomberos, puestos a disposición de esta Municipio por los Ayuntamientos de Cádiz, Puerto de Santa María y Base Naval y de Utilización Conjunta de Rota (…) el Sr. Collantes Ceballos, hizo constar también, el haberse conseguido la declaración de zona siniestrada a los efectos de la indemnización del Consorcio de Compensación de Seguros. La concesión a industriales, comerciantes y agricultores damnificados, de créditos a largo plazo y con interés reducido, es también una realidad y su tramitación se iniciará rápidamente. Así mismo la reposición de mobiliario, enseres y ajuar doméstico a las familias cuyos hogares resultaron siniestrados, se efectuará en el mas breve plano.

Es muy importante destacar, siguió diciendo el Sr. Alcalde Presidente, las medidas adoptadas por el Ministerio de la Vivienda, al gestionar este Municipio la construcción de 300 viviendas aproximadamente, que unidas a las de los distintos proyectos que se encontraban a trámite alcanzan la cifra de 912 viviendas en total, en solares situados en Santa Ana, Pajero y Solagitas. También el Ministerio de Educación Nacional, ha dispuesto se lleven a cabo las reparaciones de los daños ocasionados por la inundación en distintos centros escolares de la Localidad. Asi mismo, informó de que este Ayuntamiento ha iniciado obras de saneamiento y nueva pavimentción de la calle Marqués de los Castillejos, que resultó muy afectada en el siniestro; obras que más tarde alcanzaron a las calles Sagasta, Espartero, Paseo José Antonio, Rivero y Nuestra Señora de los Remedios entre otras. Por otra parte, existe la promesa por parte del Gobierno, de importante ayuda económica a este Ayuntamiento, para la reparación de obras, servicios e instalaciones municipales. La Delegación Nacional de Deportes, tiene ofrecida la ayuda necesaria para la reparación total del Campo Municipal de Deportes.

Finalmente el Sr. Alcalde-Presidente, dio cuenta de las múltiples gestiones de todo orden que se vienen realizando por la Alcaldía y la Corporación Municipal, para paliar lo más pronto posible, los efectos de la catástrofe; haciendo notar el gran espíritu de superación y temple de los chiclaneros ante la desgracia y la desolación[iii].

El documento merece la atención porque a partir de él podemos conocer, en voz de la primera autoridad municipal, no solo lo sucedido, sino las necesidades más perentorias de los damnificados, el arreglo de calles, la construcción de viviendas, los nuevos puentes… y también, el reconocimiento de gratitud a la labor realizada de cuantos participaron en aquella jornada. Desde el primer momento se tuvo conciencia de la necesidad de actuar con la mayor celeridad posible. Del mismo modo informaba sobre la intensiva campaña de vacunación antitífica y la desratización de la ciudad.

Para el siguiente mes, el día 26 de noviembre, se convocó la sesión ordinaria de la Comisión Municipal Permanente y el preceptivo Pleno mensual de la Corporación Municipal, en el que se trató, entre otros puntos del día, dos referentes a la inundación: el séptimo (la construcción de un puente pasarela sobre el río Iro en sustitución del Puente Chico) y el octavo (reparaciones en el campo de fútbol municipal).

Notas:

[i] Puestos a disposición municipal por los hermanos Francisco y Antonio Moreno Dávila.

[ii] AHMCh. Legajo nº 63. AA. CC. Sesión Ordinaria de 29 de octubre de 1965.

[iii] AHMCh: Ídem

Crónica de la riada de 1965 en Chiclana de la Frontera (II)

EL RELATO DE UN NIÑO

Cuando le pregunto por aquel día me responde que lo primero que recuerda es la lluvia; la lluvia y las palabras de su madre al asomarse a la ventana: “el río va tan crecido que se parece al Ebro con su inmenso caudal”. Minutos después de su jocoso comentario, el río era un mar como lo fue in illo tempore, cuando los fenicios arribaron hasta Chiclana; un mar, no precisamente de sonrisas sino de zozobra. Y la preocupación por sus hijos se instaló en la mente de la mujer. El agua comenzó a subir por las escaleras de la casa. Todos fueron al piso superior, pero antes recogió una estatuilla de la Virgen de los Remedios y la puso en el cuarto escalón superior, con dos mariposas encendidas… Este hombre, que hace cincuenta años era un niño, no puede continuar el relato porque se ha emocionado. “No te lo creerás, pero fue el máximo nivel donde llegaron las aguas. En aquel escalón se paró el agua. Yo tenía siete años y recuerdo el río, al que tanta veces había visto a seis o siete metros del suelo tenerlo a solo medio metro de mi vista. Luego estaba el sonido y el ímpetu con que venían las aguas. Mis hermanos y yo vimos pasar por delante nuestro a vacas, troncos de árboles, palmeras, muebles, un seiscientos y muchas cosas más”. La casa quedó en medio de las aguas; por un lado las que corrían desbocadas por el cuace del río y, por otra, las que inundaban la calle como consecuencia del desbordamiento. La azotea en donde se encontraba, era un privilegiado pero peligroso mirador, pues se estaba en la incertidumbre de si los cimientos resistirían el continuo embate de las aguas sobre ella. Y resistió a pesar de que el agua había horadado una parte de ellos.